Premio Nacional de Danza 2026

Jaime Camarena: Lo humano es lo que me sigue gritando

El director afirma a La Razón que con el galardón quiere destacar la unión por los derechos negados; lamenta el terreno ganado por lo woke

Jaime Camarena en una sesión 
fotográfica
Jaime Camarena en una sesión fotográfica Foto: Cortesía›Jaime Camarena

El coreógrafo, bailarín y director de A Poc A Poc, Jaime Camarena, recientemente fue galardonado con el Premio Nacional de Danza Contemporánea que recibirá el 3 de mayo durante el Festival Internacional de Danza José Limón. Quiere dejar en claro con este reconocimiento, la importancia de un gremio unido para ganar derechos que les han sido negados, desde trabajos dignos hasta seguridad social, compartió en entrevista con La Razón. Además, habló de los principales temas que ocupan su obra creativa: “Lo humano es lo que me sigue gritando”. En un mundo cambiante en este arte criticó que “los woke han dictado sentencia” en una profesión que requiere disciplina y rigor.

¿Qué mensaje le gustaría dar cuando reciba el premio? Que la unidad genera cosas buenas, es un premio que te da el gremio. Es importante que seamos conscientes de todo esto que no tenemos. Nos ha faltado legitimar que somos fuente productora de conocimiento, nos ha restado mucha fuerza. Necesitamos trabajar en una misma dirección.

  • El Dato: EL JURADO lo reconoció por el impacto en el fortalecimiento y proyección de la danza contemporánea a nivel nacional.

Ha sido importante lo que ha aportado A Poc A Poc, ¿cómo es sostener una compañía independiente? Muy difícil, requiere mucha decisión, apoyos, memoria social. La sociedad olvida o cambia muy rápido. El olvido es casi instantáneo. Es difícil sostener un proyecto y mucho más sin un apoyo y, en este momento, escasea, seguimos recibiendo las mismas cantidades de dinero para destinarlo a muchísima más gente que ha entrado en el campo de la profesionalización. En nuestro gremio hasta está mal visto que cobremos en función del esfuerzo que hacemos. Hay una serie de despropósitos.

¿Qué otros pendientes hay? Somos un gremio no reconocido en la Ley Federal del Trabajo, si partimos de ahí, es un sector que no tiene la conciencia de un seguro de gastos médicos mayores, de seguridad social, de un fondo de retiro. No existimos legalmente. Seguimos en ese limbo. Me sorprende mucho el caso del Ceprodac, tienen becas, no contratos, eso no genera una obligación laboral para el empleador (el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura).

Hace años nos dieron unos reconocimientos por parte del Senado, el propio gremio se encargó de redactar, de proponer y se atoró, la cosa no avanzó más.

Por otra parte, dentro de su trabajo ha abordado el amor o ha indagado en temas cercanos a los adolescentes, ¿actualmente cuáles son los tópicos que son parte de sus obsesiones creativas? La relación entre seres humanos me produce mucha inquietud, dudas, reflexiono mucho en ello. La migración es en este momento una de mis obsesiones, quiero componer una obra que tiene que ver con “La conferencia de los pájaros”, este cuento que habla sobre una gran migración que emprenden las aves en el mundo, me parece un tema pertinente en este momento en el que se están configurando varias cosas en este mundo. En general, lo humano es lo que me sigue gritando.

¿Cómo es a través de A Poc A Poc, trabajar con bailarines de distintas generaciones? El mundo ha cambiado, se vive de una manera en la que, aparentemente, hay muchas incorrecciones. Sí creo que hay que tratarnos con respeto, pero hay ciertas actividades humanas que requieren de una disciplina inquebrantable y de una palabra que no les gusta nada: rigor. Es absolutamente personal, creo que todo mundo puede bailar, pero lo leí en una entrevista de Sylvie Guillem hace años, ella decía la Ópera de París produce bailarines que son para ahí, otros que son para otro tipo de compañías y otros para público. Si quieres ser primer bailarín de la Compañía Nacional de Danza tienes que tener las condiciones precisas y luego tener todo un trabajo: el deseo, la disciplina y el rigor. Eso no es machismo ni racismo. No podemos acusar al mundo. Nos está faltando rigor, ubicación, límites y entendimiento del oficio para saber dónde queremos estar parados.

La Cantera fue un proyecto importante, ¿ha tratado de volver a algo parecido? No lo he intentado. Me dediqué a una maestría, a paternar, vino la pandemia. Cerré la Cantera cinco años del confinamiento por un tema legal, aunque intenté darle continuidad, me dirigí a distintas autoridades para pedir apoyo, pero ni la misma comunidad del espacio reaccionó al llamado.

El cierre coincidió con que ya no nos dieron el apoyo México en Escena. En su momento lo vi tremendo, ahora es distinto, los ciclos se acaban. Para abrir y sostener la Cantera destiné mi patrimonio personal, fue gratificante. Con un hijo no lo volvería a hacer o lo haría diferente. La Cantera fue un parteaguas, no me arrepiento. Pudimos tocar el alma de mucha gente.

Ser papá, ¿transformó su trabajo creativo? Absolutamente, cambió mi vida en muchos sentidos, vivir la infancia de un ser desde que aparece en el mundo, no sólo te mueve la ternura, sino también el miedo, la inseguridad. Es maravilloso, no cambio estos momentos.