Recibe el Premio Cervantes 2025

Celorio consagra letras desde Alcalá

El ensayista mexicano defiende la ficción sin ataduras durante la solemne ceremonia ante reyes; reivindica una herencia compartida y el diálogo cultural transatlántico

Gonzalo Celorio al aceptar, ayer, el reconocimiento de manos de los reyes de España.
Gonzalo Celorio al aceptar, ayer, el reconocimiento de manos de los reyes de España. Foto: Cuartoscuro

El cronista, narrador, gestor cultural, académico, editor, crítico literario y ensayista mexicano, recibió ayer jueves 23 de abril, de manos de los reyes de España, Felipe VI y Letizia, el Premio Cervantes 2025, máximo galardón de las letras en español: solemne ceremonia realizada en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. El galardonado pronunció un discurso en el que profirió una defensa a la “libertad de la novela”.

Emotiva alocución donde resaltó la presencia del autor de La Galatea en su trabajo literario: “Miguel de Cervantes vigila de reojo mi escritura, el más célebre escritor que ha engendrado la lengua española en todos los tiempos de su historia milenaria y en todos los lugares del vasto territorio donde se habla”.

El humor y las consonancias desplegadas en la búsqueda de la libertad como centro de la obra de El manco de Lepanto: “El sentido del humor ha cavado más túneles en la tierra que todas las lágrimas que se han derramado sobre ella. A través del humor, en buena medida derivado del discurso paródico que recorre el Quijote de principio a fin, Cervantes desvela la esencia de la condición humana, que se debate permanentemente entre el ideal inalcanzable y la cruda realidad, monda y lironda. Y la libertad, según él, no es otra cosa que la soberanía del individuo frente a la autoridad, frente a los desafueros que puede cometer el poder, todo poder”, subrayó el ensayista mexicano.

Sobre los vínculos históricos, culturales, sociales y de identificación entre México y España, el profesor de Literatura de la UNAM enfatizó que “la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se ha intentado sobreponer la retrotopía del paraíso perdido, México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente el territorio de la Mancha”.

El escritor mexicano efectuó un balance de su trabajo como escritor que abarca la novela, el ensayo y la crónica, en que los gestos de su estirpe juegan un papel clave: “En el proceso de escritura, les fui suministrando a mis novelas en ciernes los datos que había podido recabar a propósito de la historia ancestral de mi familia. Y de manera milagrosa, la novela misma los fue procesando conforme yo escribía y acabó por devolvérmelos a mí, su autor, convertidos en un discurso que leí, sorprendido por las revelaciones que la novela misma me proporcionaba. Después de veinte años de navegación, por fin atraqué en la Ítaca de mis antepasados”, glosó.

Referencias a la labor docente y el vicio de leer: “He dedicado toda mi vida a la palabra, como profesor que no ha tenido mayor placer que contagiar el entusiasmo por la literatura a las muchas generaciones de alumnos; como ‘aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles’ que ha formado una generosa biblioteca con los libros que ha podido adquirir o trasegar desde cada uno de los países por los que ha viajado”, concluyó el séptimo escritor mexicano que comparte el Premio Cervantes junto a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso.