Antes del célebre acto político de Rosa Parks, que provocó un boicot en los autobuses de Montgomery, en plena segregación racial en Estados Unidos, una joven de 15 años en 1955 se negó a ceder su lugar a una mujer blanca en un autobús de la capital de Alabama. Se trataba de Claudette Colvin, cuya historia durante mucho tiempo fue borrada en la lucha por los derechos civiles en aquel país, incluso dentro de sectores de su propia comunidad.
Su historia, que se ha revalorado en las últimas dos décadas, vuelve con esta experiencia Noire, creada y dirigida por los artistas audiovisuales Stéphane Foenkinos y Pierre-Alain Giraud, quienes buscan que pueda inspirar a quienes la vean para actuar ante cualquier tipo de injusticia, pues Claudette Colvin y quien falleció el 13 de enero de este año, supo del proyecto, así lo quería.
- El Dato: Basada en el libro Noire de Tania de Montaigne, la obra se presenta en el Cervantino hasta el 18 de octubre.
“Esta instalación pretende que los visitantes sean inspirados por la acción de Claudette. La segregación es una cosa, pero lo más importante es levantarse ante todas las injusticias. Su historia es universal, tristemente”, dijo a La Razón Stéphane Foenkinos.
En la Galería Hermenegildo Bustos, de la Universidad de Guanajuato, donde se presenta como parte de las propuestas del Festival Internacional Cervantino, desde que el público se pone los visores comienza a situarse en ese acto político de Claudette, que tuvo repercusión en su vida y formó parte de la lucha contra la segregación racial, aunque se haya intentado dejar de lado. Se le ve dentro del autobús de Montgomery, Alabama, negándose a pararse para que se siente una mujer blanca. Con valor se mantiene firme en su asiento.
Poco a poco, los asistentes que entran a la experiencia, se van trasladando a otros espacios importantes en la vida de Claudette Colvin: el tribunal, la cárcel, la iglesia de Martín Luther King y la calle que lleva su nombre.
“Teníamos que jugar con los espacios. Un espacio se transforma en otro y la única cosa que queda entre ellos son las bancas, que son la realidad, las bancas que están en el espacio”, contó a este diario Stéphane Foenkinos.
Lo único que se encuentra en la galería son bancas, que a veces funcionan como asientos en un tribunal o en un autobús, donde el público puede sentir que los habita. El realismo y los elementos emocionales que acompañan la experiencia provocan reacciones de todo tipo, por ejemplo, cuando la joven es juzgada e implora el perdón del juez, está hincada y llorando. Es imposible que desaparezca la sensación de querer abrazarla.
“La paradoja es que realmente tenemos a los personajes frente a nosotros y es completamente imposible actuar al mismo tiempo que la persona está ahí; por lo tanto, este desfase cognitivo (casi) entre la realidad de lo que ocurre y la imposibilidad de actuar genera una emoción bastante diferente a la que podríamos sentir.

“Emocionalmente es extraño, porque podemos movernos, actuar, así como ir de un lugar a otro, pero no tenemos influencia sobre la realidad que se desarrolla afuera”, explicó el creador Pierre-Alain Giraud.
Incluso Stéphane Foenkinos lo comparó con lo que ocurre en las redes sociales. “La lógica detrás de la emocionalidad compleja que provoca este montaje es parecido a lo que sucede en redes sociales: puedes reaccionar, pero no actuar o hacer algo respecto de las violencias e injusticias”, señaló.
Sin embargo, consideran que la reacción ante las injusticias puede llegar después al espectador, cuando en su vida cotidiana las viva.
“En Nueva York la lucha tomaba otra forma económica y Claudette luchaba por los derechos de las enfermeras, de las más pobres para que tuvieran más derechos. En realidad su mensaje era precisamente ése: no fijarse en la raza ni en el color de la piel que uno tiene, sino luchar ante todo contra las injusticias sociales”, expresó Pierre-Alain Giraud.
Los creadores compartieron que pudieron entablar conversaciones con Claudette y su hermana, quienes quedaron sorprendidas por el parecido de la actriz en quien se basaron para dar vida a la activista.
“Pensaba que habíamos hecho animación en 3D para recrear a Claudette, pero en realidad encontramos a alguien que era casi su doble en Taiwán, una joven estudiante ugandesa. Ella tenía la misma energía y voz que cuando tenía 15 años”, concluyó.

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