El espectáculo mexicano despide a una de sus figuras más longevas y audaces. La actriz Ana Luisa Peluffo falleció ayer a los 96 años, de acuerdo con un comunicado difundido por su familia a través de redes sociales. La intérprete murió en su rancho de Jalisco, acompañada por sus seres queridos, tras varios años de vida tranquila lejos de los reflectores. Los servicios funerarios se llevaron a cabo de manera íntima y privada, cumpliendo con la voluntad de la actriz.
Con su partida se cierra una trayectoria que atravesó distintas etapas del entretenimiento nacional y que dejó una huella particular en la historia del cine mexicano. Peluffo fue una actriz que desafió las convenciones y que logró mantenerse vigente durante más de seis décadas, transitando con naturalidad entre el cine, la televisión y el teatro.

Nacida el 9 de octubre de 1929 en Querétaro, Ana Luisa de Jesús Quintana Paz Peluffo creció en un entorno que pronto la acercó al mundo artístico. Su debut ocurrió a finales de los años 40, cuando participó en la producción estadounidense Tarzan and the Mermaids (1948), protagonizada por Johnny Weissmuller. Aquella aparición marcó el inicio de una carrera prolífica.

Durante la década de los años 50 comenzó a consolidarse como uno de los rostros más reconocibles de la pantalla grande. Su presencia elegante y su carácter fuerte la llevaron a participar en numerosos melodramas, aventuras y comedias que la convirtieron en una figura constante de la industria. Películas como La venenosa, El valle de los miserables, La fuerza del deseo y La casta divina forman parte de una filmografía extensa que refleja distintas etapas del cine nacional.

A lo largo de su carrera compartió créditos con figuras emblemáticas del espectáculo mexicano. Entre ellas destacan actores como Mario Almada, con quien coincidió en producciones de corte dramático, así como comediantes de gran popularidad como TinTan y Manuel El Loco Valdés, con quienes participó en la cinta Dos fantasmas y una muchacha. Estas colaboraciones la consolidaron como una actriz versátil, capaz de moverse entre distintos géneros.

Uno de los momentos más recordados de su carrera ocurrió en la década de los años 50, cuando protagonizó una escena considerada “el primer desnudo del cine mexicano”. La secuencia provocó polémica en su momento, pues la industria cinematográfica operaba bajo estrictas normas morales. Sin embargo, con el paso del tiempo ese episodio fue reinterpretado como un acto de audacia artística que abrió nuevas posibilidades expresivas dentro del cine nacional.

Lejos de quedar definida únicamente por ese episodio, la actriz construyó una trayectoria sólida que se extendió durante décadas. Participó en más de 200 producciones, cifra que la coloca entre las actrices más prolíficas del espectáculo mexicano. Su capacidad para adaptarse a los cambios de la industria le permitió mantenerse vigente incluso cuando el cine mexicano atravesó momentos de crisis.

En los años 70 y 80 continuó trabajando en películas populares y también en producciones de corte histórico. Su participación en La casta divina, cinta dirigida por Julián Pastor, fue especialmente relevante, pues la cinta fue seleccionada para representar a México en festivales internacionales y es considerada una de las obras destacadas del cine político de esa época.
Posteriormente encontró un nuevo espacio en la televisión. Las telenovelas le permitieron acercarse a nuevas generaciones de espectadores y consolidar su popularidad más allá del cine. Entre sus participaciones más recordadas en este formato se encuentran Monte Calvario, Juana Iris, Marimar, Lazos de amor, La usurpadora y Carita de ángel, producciones que alcanzaron gran audiencia en México y otros países de América Latina.
Su presencia en estos melodramas mostró una faceta distinta de su talento. En ellos interpretó desde personajes de carácter fuerte hasta figuras maternales o villanas, lo que confirmó su capacidad para transformarse frente a la cámara. Gracias a esta etapa televisiva, su rostro volvió a ocupar un lugar en la industria audiovisual.
Además del cine y la televisión, Ana Luisa Peluffo cultivó otras disciplinas artísticas. Durante varios años se dedicó a la pintura y llegó a presentar exposiciones de su obra. También participó en montajes teatrales, en los que mostró la misma disciplina que caracterizó su trabajo en pantalla.
Para muchos historiadores del espectáculo mexicano, Ana Luisa Peluffo representa una figura adelantada a su tiempo. Fue una actriz que se atrevió a romper moldes en una industria dominada por estrictos códigos sociales, pero que, al mismo, tiempo construyó una carrera constante basada en el trabajo y la disciplina.
Con su muerte, el cine nacional pierde a una intérprete que formó parte de varias generaciones de producciones y que supo adaptarse a los cambios del medio artístico.


