Un adiós, entre triste y alegre, comenzó ayer en el prearranque del tour con el que Julio Preciado se retira de los escenarios, abrazando un legado que trasciende fronteras al posicionar a la banda sinaloense en lo más alto.
La velada de anoche con un Auditorio Nacional abarrotado, registró sold out, se convirtió en un palenque. Entre botas, sombreros y un ambiente festivo desde las inmediaciones del coloso de Reforma, los seguidores llegaron listos para corear cada tema.
Vestido con un traje negro y con un poco de dificultad al caminar, la sonrisa del originario de Mazatlán llenó el escenario de alegría y agradecimiento por más de 40 años de carrera. En toda la noche, los asistentes bailaron, cantaron a todo pulmón y no soltaron sus vasos de cerveza.
- El Dato: La gira del adiós de Julio Preciado se extenderá hasta noviembre de 2027. Incluirá México, Estados Unidos y Centro/Sudamérica.
“Muchas gracias a esta gran familia que me ha apoyado desde 1990, cuando llegamos con la Banda El Recodo hasta la fecha. Hoy está mi esposa, mis hijos y toda mi familia, incluyendo a ustedes. Gracias por todo ese cariño durante tantos años”, comentó.
Desde antes de su aparición, las pantallas ya narraban su historia: imágenes con movimiento generadas con Inteligencia Artificial mostraban al cantante junto a figuras como Juan Gabriel y Paquita la del Barrio, además de estampas de su querido Mazatlán.
El arranque con banda fue explosivo, con temas como “El Sinaloense” y “Mi gusto es”, seguidos por clásicos que mantuvieron la euforia. El público, entregado, acompañó cada interpretación en un ambiente que no perdió intensidad.
“Para todas las mujeres casadas que no trajeron al marido, ¡salud! Todos los caballeros que no trajeron a la vieja, ¡salud!”, lanzó el cantante, provocando risas, brindis y complicidad.
Uno de los momentos más emotivos llegó con el homenaje a El Buki. “Esta canción que tanto quiero, es del señor Marco Antonio Solís, y que me ha dado tanto en mi carrera”, mencionó el intérprete al entonar “Qué solo estoy sin ti”, desatando una ovación que convirtió el recinto en un coro colectivo y que no dudó en darle sorbos a sus cervezas para darle más intensidad a esta canción.
El tributo continuó con la música de Los Yonic’s, cuando apareció José Manuel Zamacona Jr. “A los 11 años me tocó ver a Los Yonics a través de una reja en un concierto en Mazatlán. Le tengo un cariño muy especial a tu padre, le mando un abrazo hasta el cielo”, dijo.
Juntos interpretaron “Soy yo” y “El día que me acaricies lloraré”, entre otros éxitos llenos de nostalgia.
El cantante no dejó de conectar con sus raíces. “A mis amigos de Mazatlán que se dieron cita”, expresó, en un guiño a su tierra y a quienes lo han acompañado desde sus inicios.
La segunda parte dio paso al mariachi, con piezas como “Hermoso cariño”, “Volver, volver” y “Si nos dejan”. El homenaje a Juan Gabriel alcanzó uno de sus puntos más altos con “Amor eterno”, interpretada con una intensidad que silenció por momentos al recinto.
“Como me hubiera gustado que esta noche estuvieran mi madre y mi abuela. Un beso a todas las madres que están en el cielo y a todas las de los asistentes que están hoy aquí”.
El recorrido musical incluyó “Qué manera de perder”, “Seis pies abajo” y “Por una mujer casada”, consolidando una noche en la que banda y mariachi se entrelazaron.
La noche tuvo más sorpresas con Luis Ángel El flaco para cantar “Cuando yo quería ser grande” y “Las llaves de mi alma”.
El cierre con “El corrido de Mazatlán” selló una velada donde la tecnología, la nostalgia y la música se unieron para celebrar la historia de un artista que, incluso en la antesala de su retiro, sigue dominando el escenario.
El público respondió de pie, consciente de haber sido parte de un capítulo clave en la carrera de Julio Preciado, una noche donde la memoria y el sentimiento hicieron eco en cada rincón del recinto.


