Debut de Carlos Matienzo

El ritual del nahual, terror que refleja a la sociedad

“No es sólo una leyenda: es una forma de entender la justicia, la culpa y el vínculo con la tierra”, afirma a La Razón; toma como inspiración un linchamiento

La criatura de la historia se inspira en el guajolote
La criatura de la historia se inspira en el guajolote Foto: Especial

La película El ritual del nahual, ópera prima de Carlos Matienzo, mezcla violencia, mito y una idea incómoda de justicia: la que no pasa por tribunales, sino por fuerzas que nadie puede detener.

“Queríamos construir una película donde el miedo no solamente viniera de la criatura, sino del peso de una cosmovisión ancestral que sigue viva”, afirmó a La Razón el director Carlos Matienzo. “El nahual no es sólo una leyenda: es una forma de entender la justicia, la culpa y el vínculo con la tierra”.

La historia sigue a Gabriel, un forajido herido que encuentra refugio en una comunidad marcada por el horror: niños asesinados, cuerpos mutilados y una tensión que crece con cada noche. Mientras un agente federal intenta descifrar los crímenes, algo más despierta. No es humano, pero tampoco ajeno. Es una presencia que castiga. “Es una justicia que no se otorga por las instituciones, sino que viene de un nivel superior”, explicó.

El origen del relato no está sólo en la tradición oral, sino en la crudeza del presente. “Nos inspiramos en una nota muy viral en la que la gente lincha a un ladrón. Me marcó ver cómo la comunidad decide hacer justicia por su cuenta cuando no hay respuesta”, contó. Esa imagen detonó la narrativa: “Se transformó en la historia de una comunidad que vive con un ser superior que impone orden”.

Rodada en locaciones de San Luis Potosí y hablada en español y la lengua tének, originaria del lugar, la cinta apuesta por una identidad profundamente arraigada. “Desde niño escuchaba historias de nahuales y brujas. Siempre quise contar algo así”, dijo el cineasta, quien comenzó su carrera en 2009 tras integrarse como asistente en una producción. “Una vez que me subí a ese barco, ya no me bajé”, expuso orgulloso.

El camino no fue sencillo. Cortometrajes, intentos fallidos y años de búsqueda marcaron su trayectoria. “Tengo cinco cortos que me hacen sentir bien, pero también otros que se quedaron en el baúl”, admitió. El punto de quiebre llegó con Tekenchu, cortometraje realizado en pandemia: “Ganó el premio del público y llegó a más de 90 festivales. Ahí entendimos que había algo potente, por lo que este trabajo detonó en largometraje”.

Ese impulso permitió levantar el largometraje. “No conseguimos fondos públicos, pero encontramos gente que creyó. Fue un salto de fe”, reconoció. El proyecto creció hasta llegar a festivales internacionales como Rotterdam y Cannes, con un favorable recibimiento, antes de concretar su estreno comercial en México el próximo 7 de mayo.

Para el director, ver su película en más de 500 pantallas es una recompensa a la resistencia. “No es fácil hacer cine desde fuera de la capital, y más siendo independiente. Todo el esfuerzo ha valido la pena y esto también es justicia para el equipo. Es importante resaltar y mostrar a la industria que en los estados de la República hay mucho talento, sólo necesitamos espacios para demostrarlo”, afirmó.

El diseño de la criatura fue clave para sostener el impacto. “Queríamos algo real, práctico, que se pudiera tocar. Está inspirado en un ave ancestral, el guajolote”, explicó. Y advirtió: “En el terror, si el monstruo falla, todo se cae. El público lo ha recibido bien”.

En un país donde la violencia convive con lo cotidiano, El ritual del nahual propone una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando la justicia humana no basta? “Es una historia que puede mover a cualquiera, porque habla de algo que reconocemos”, concluyó el director.