Describen el hostigamiento

Pescadores en Sinaloa acusan expulsiones por empleo en planta GPO Topolobampo

Pescadores de Paredones, Sinaloa, denuncian ser expulsados de su cooperativa Eustaquio Urías y sufrir presión social por trabajar en la planta de fertilizantes GPO

Pescadores en Sinaloa acusan expulsiones por empleo en planta GPO Topolobampo.
Pescadores en Sinaloa acusan expulsiones por empleo en planta GPO Topolobampo. Foto: Especial.

Pescadores del campo pesquero Paredones, en Sinaloa, denuncian ser expulsados de su cooperativa Eustaquio Urías y sufrir presión social por encontrar empleo en la planta de fertilizantes de Gas y Petroquímica de Occidente (GPO). Esta situación genera una profunda división en sus comunidades.

Los afectados, quienes prefirieron el anonimato por temor a represalias, describen un ambiente de hostigamiento.

“Nos están corriendo sin escucharnos, nada más por trabajar en la planta. Nosotros lo único que buscamos es sacar adelante a nuestras familias”, relató uno.

Exclusión no se basa en faltas internas, afirman

La exclusión, afirman, no se basa en faltas internas, sino en diferencias de opinión sobre el proyecto de GPO en Topolobampo.

Se les exige alinearse con las movilizaciones; quienes no lo hacen, son dados de baja sin proceso claro.

“Hay presión para ir a las protestas y el que no cumple queda fuera”, explicó otro.

40 socios han sido excluidos

Estiman que alrededor de 40 socios han sido excluidos, provocando al menos cuatro demandas laborales por despidos injustificados.

Además de la pérdida de ingresos, enfrentan hostigamiento social.

“Nos señalan, nos gritan cosas por trabajar ahí. Nos llaman traidores”, indicaron.

La decisión de trabajar en la planta se justifica por la inestabilidad económica de la pesca, que ha disminuido en los últimos años.

“La pesca ya no alcanza. Uno tiene que buscar cómo sostener a la familia”, explicaron, señalando la necesidad de ingresos estables.

En contraste, el empleo en GPO ofrece ingresos quincenales y prestaciones. Pese a bloqueos y protestas, la empresa ha mantenido el pago puntual de salarios.

Este conflicto en Topolobampo revela cómo el debate sobre desarrollo y el impacto ambiental ha fracturado el tejido social.

La discusión ya no se limita a la viabilidad del proyecto, sino al derecho de cada trabajador a elegir su sustento sin ser sancionado. Los pescadores insisten en el anonimato por temor a represalias.

“No todos pensamos igual, pero eso no debería ser motivo para quitarnos nuestro lugar”, concluyeron.

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JVR

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