Un estudio reciente publicado en la revista Mobile DNA sobre un grupo aislado de osos polares del sureste de Groenlandia ha intrigado a los científicos: ¿está cambiando el ADN de la especie ante el riesgo de extinción hacia 2100? Esta colonia habita una región más cálida y con poco hielo marino, condiciones que podrían dominar el Ártico en el futuro.
El análisis genómico, sin embargo, no demuestra que el ADN esté “adaptándose” para evitar la extinción, pero sí revela una mayor actividad de transposones, elementos genéticos que pueden influir en la regulación de genes bajo estrés ambiental. Esto, más que una adaptación evolutiva confirmada, sugiere una respuesta molecular al calentamiento del entorno.
El contexto climático es alarmante: las temperaturas globales superaron el año pasado en más de 1 °C los niveles preindustriales y el Ártico alcanzó su punto más cálido en 125 000 años. Aunque estas señales genéticas aportan pistas sobre la resiliencia de la especie, el estudio subraya que la genética por sí sola no puede compensar la rápida pérdida de hielo y hábitat.

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