El muro, las políticas de línea dura de la administración Trump y las presiones contra los cárteles de la droga hicieron que los grupos criminales buscaran alternativas más innovadoras para mantener sus operaciones ilícitas transfronterizas, como el uso de drones, que se han ubicado como uno de los nuevos desafíos de seguridad en ambos lados del límite territorial.
Así lo advierte el estudio Estados Unidos necesita un muro antidrones en el suroeste, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).
La organización estadounidense independiente ya advertía desde finales de 2025 que “los esfuerzos de Estados Unidos para frenar la llegada de migrantes en los puntos de entrada conocidos también han aumentado la presión para que el crimen organizado encuentre nuevas rutas de contrabando”.

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- El dato: El secretario de Transporte de EU informó ayer la suspensión de vuelos en el Aeropuerto Internacional de El Paso, Texas, por la incursión de drones ligados a un cártel.
El CSIS señala que los drones “son una ventaja para estos grupos, ya que les permiten monitorear amplias franjas de territorio y penetrar en puntos vulnerables a lo largo de la frontera terrestre”.
Otra de las ventajas aprovechadas por la delincuencia organizada, sostiene el informe, es que el alto nivel de integración económica entre Estados Unidos y México implica que “las contramedidas antidrones podrían ser altamente disruptivas o, incluso, hasta peligrosas si se comete un error”, ya que una decisión podría generar serios problemas diplomáticos internacionales.
“Ningún comandante quiere ordenar accidentalmente la interferencia de la radio de un avión comercial o el cegamiento del radar de un helicóptero civil. También está la cuestión de las operaciones transfronterizas”, advierte.
El CSIS agrega que “los comandantes tácticos podrían ser reacios a provocar lo que podría convertirse en un incidente internacional, aunque ello implique incurrir en mayores riesgos de seguridad”.
Si bien los grupos criminales mexicanos aún no han empleado drones armados en territorio estadounidense, estos sistemas aéreos no tripulados (UAS) aún ayudan a los cárteles a rastrear patrullas fronterizas, monitorear a las fuerzas estadounidenses y entregar narcóticos y otro contrabando, se amplía en el reporte de la organización de investigación.
Otro acontecimiento preocupante, indica, han sido los recientes informes sobre la experimentación de cárteles con drones de fibra óptica.
“Estos sistemas, que ahora son un elemento básico en los campos de batalla de Ucrania, se basan en un delgado cable de fibra óptica para conectar al piloto con el dron, lo que proporciona una conexión resistente a interferencias y otros ataques de guerra electrónica, proporcionando al crimen organizado una herramienta altamente resistente para la vigilancia y el contrabando”, dice el CSIS.

HERRAMIENTA DE GUERRA. El experto en temas de seguridad Víctor Manuel Sánchez explica que las organizaciones criminales en México han transformado el uso de drones en una herramienta de guerra, al evolucionar desde el simple trasiego de drogas hasta el despliegue de artefactos explosivos.
Para Sánchez, fue el Cártel de Sinaloa el primero en adoptar esta tecnología, utilizando drones en los estados de Sonora y Chihuahua para cruzar pequeñas cantidades de droga hacia Texas y Arizona, a través de la frontera con Estados Unidos. Con el tiempo, la práctica se extendió rápidamente al resto de las organizaciones del crimen organizado.
El salto cualitativo más significativo lo protagonizó el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que no solo adoptó los drones, sino que creó unidades especializadas conocidas internamente como “operadores droneros”.
“Estas células cuentan con logotipo propio, distintivos en sus uniformes, incluso han reclutado personal capacitado proveniente de Colombia para reforzar su operación”, aseveró.
La evolución del uso de esta tecnología siguió tres etapas claras: primero, la vigilancia y el espionaje, luego el transporte de estupefacientes y, finalmente, la incorporación de explosivos como armamento ofensivo, práctica que también adoptaron organizaciones como Cárteles Unidos, con presencia en la región de Tepalcatepec, Michoacán.
El experto en seguridad señaló que, en la actualidad, el uso de drones está extendido entre el Cártel de Sinaloa, el CJNG, el Cártel del Golfo, la Familia Michoacana y Los Tlacos, en el estado de Guerrero, lo que refleja una militarización progresiva de las disputas territoriales entre grupos criminales.
El académico de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) sostiene que, ante este panorama, tanto las fuerzas de seguridad del Estado como el Ejército Mexicano, han comenzado a desplegar inhibidores de señal y dispositivos conocidos como “pistolas antidron” para neutralizar estas aeronaves. Sin embargo, dice, los propios cárteles también están adquiriendo estos equipos para derribar los drones de sus organizaciones rivales, lo que añade una nueva dimensión a los enfrentamientos entre grupos del crimen organizado.

