Académicos, exconsejeros electorales y exmagistrados coincidieron en que la reforma electoral de la Presidenta Claudia Sheinbaum está diseñada para garantizar a Morena mayorías calificadas en el Senado sin necesidad de negociar, perpetuar la sobrerrepresentación de la primera fuerza política en la Cámara de Diputados, sin corregirla e introduce listas abiertas que podrían fragmentar la competencia interna de los partidos y dificultar la fiscalización del dinero de las campañas.
El diagnóstico surgió de una mesa redonda organizada por el Seminario de Política y Gobierno: Reforma Electoral 2026 del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde el exconsejero del INE Benito Nacif señaló que el efecto político más relevante de la iniciativa, la eliminación de los 32 escaños de representación proporcional en el Senado, no es un cambio neutro: “Aumenta la sobrerrepresentación del partido dominante y facilita que Morena pueda obtener mayorías calificadas por sí sola o con alianzas mínimas”.
- El Dato: El seminario del CIDE analizó la reforma electoral, que dice fortalecer la democracia, a pesar de las diferencias partidarias sobre la autonomía de los órganos electorales.
Con simulaciones sobre los resultados de 2024, 2018 y 2012; el investigador del CIDE Javier Aparicio confirmó el patrón: suprimir los plurinominales favorece, ineludiblemente, a la primera fuerza entre uno y dos puntos porcentuales.
Las terceras y cuartas fuerzas políticas serían las más perjudicadas, al perder su única vía de acceso a la Cámara alta. El caso más extremo sería el del PT: según las simulaciones presentadas por Aparicio, con los resultados de 2024, ese partido no habría obtenido un solo senador: “Ya no hay senadores para ti”.
Para Benito Nacif, este efecto revela el verdadero propósito de la iniciativa: “Sería ingenuo pensar que la eficiencia en el gasto es la principal preocupación de este gobierno”. En su lectura, el mensaje que la reforma manda a la oposición es inequívoco: “La única forma en que me voy a ir, en que voy a perder el poder, es si me lo quitas todo, porque voy a ir eliminando los mecanismos por los cuales antes estaba obligado a compartirlo y a ponerme de acuerdo contigo”.
Javier Aparicio aclaró que primera minoría y mejores perdedores no son lo mismo. La propuesta destinará 100 de los 200 escaños de representación proporcional a los candidatos derrotados con mayor votación de cada partido; los otros 100 se elegirán mediante una segunda boleta en cinco circunscripciones, aunque la iniciativa no explica cómo se integrarán esas listas.
El especialista advirtió que las listas abiertas, presentadas como un avance democrático, entrañan riesgos comprobados. Citó los casos de Perú y Brasil como ejemplos donde ese esquema fortaleció cacicazgos locales a costa de la cohesión legislativa.
“Haces una competencia entre partidos y entre amigos de partidos”, resumió Aparicio y añadió que el problema de fondo, la sobrerrepresentación de la primera fuerza en la Cámara de Diputados, no se resuelve con estos cambios: “El sistema mixto mexicano siempre ha tenido un sesgo mayoritario. La reforma no resuelve eso, entonces el cuento de que vamos a fortalecer la representatividad no me lo creo”.
La exmagistrada María Silva Rojas alertó que la propuesta deja en un vacío jurídico en las acciones afirmativas para corregir desigualdades históricas de grupos vulnerables en la política al cuestionar: “¿Qué pasa si todas las personas o una gran mayoría del 80 por ciento de las personas mejores perdedoras son hombres? ¿Qué va a pasar con la paridad? ¿Dónde se van a hacer los ajustes?”.
La académica de la UNAM, Rosa María Mirón Lince, apuntó que, aunque la reforma constitucional podría no prosperar tal como está planteada, el verdadero riesgo viene de la legislación secundaria: “El diablo está en los detalles. Se van a ir con todo a las leyes para poder ajustar los cambios más dramáticos que sí pueden hacer”.
Los panelistas coincidieron en que la reforma enfrenta un obstáculo político de fondo: para ser aprobada necesita los votos del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), precisamente los aliados que más perderían con ella.
Benito Nacif lo sintetizó como una paradoja: “Para aprobar la reforma que fortalece a Morena se requiere el apoyo de los partidos que van a quedar estructuralmente muy debilitados si se aprueba”.


