La muerte de ocho personas en Hermosillo, Sonora, tras la aplicación de sueros contaminados colocó bajo escrutinio prácticas que, durante años, han avanzado sin control en el país. Clínicas privadas, consultorios improvisados y espacios vinculados con terapias alternativas donde se ofrecen tratamientos intravenosos y soluciones rápidas que ponen el peligro la vida de las personas.
Entre febrero de 2022 y junio de 2024, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) ordenó la clausura total de 88 establecimientos de salud, con una concentración marcada en hospitales y en la zona metropolitana del país. El análisis del listado oficial reveló que 55 correspondieron a hospitales, 24 a consultorios y dos a clínicas, lo que evidenció un mayor riesgo en unidades con servicios de alta complejidad médica.
- 28 Unidades de salud clausuradas en el Edomex
En el detalle operativo, las resoluciones apuntaron de forma reiterada a fallas en unidades quirúrgicas, áreas de hospitalización, servicios de urgencias y transfusión, lo que explicó por qué siete de cada 10 clausuras correspondieron a hospitales. El año con mayor número de sanciones fue 2023.

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Expertos consultados identificaron un patrón: promesas sin sustento científico y procedimientos con riesgos clínicos severos.
Desde su experiencia hospitalaria, Mariana Torres Velázquez, especialista en medicina interna con más de 15 años de práctica clínica, explicó que el problema no comenzó con la contaminación, sino con la normalización de terapias innecesarias. “Un paciente sano no requiere vitaminas por vía intravenosa. El cuerpo absorbe adecuadamente estos nutrientes por vía oral. Introducirlos directo al torrente sanguíneo sin indicación médica rompe el equilibrio fisiológico”, sostuvo.
- 68 por ciento del total de clausuras corresponde a hospitales
En entrevista con La Razón, Torres explicó que los sueros vitaminados alteran funciones clave del organismo. Una dosis elevada de ciertos micronutrientes provoca toxicidad, en especial en hígado y riñones. “El exceso de vitamina C puede generar cálculos renales; la sobrecarga de vitaminas liposolubles, como la A o la D, se acumula y produce daño hepático. No es inocuo, aunque se venda como algo ‘natural’”, explicó.
La especialista advirtió sobre el riesgo de desequilibrios electrolíticos, que pueden derivar en arritmias cardíacas. “Una infusión mal calculada puede alterar sodio o potasio en sangre y desencadenar eventos fatales”.
La internista describió los peligros asociados a la preparación de estos sueros fuera de entornos controlados. “Si no existe una cadena estricta de esterilidad, el paciente queda expuesto a bacterias o endotoxinas. Eso puede derivar en septicemia, una respuesta inflamatoria grave que compromete órganos vitales en cuestión de horas”.
- El Dato: La autohemoterapia es un tratamiento que extrae una pequeña cantidad de sangre y se reintroduce en su organismo, generalmente por inyección intramuscular.
Tras detallar los riesgos de los sueros intravenosos, Torres Velázquez amplió la alerta hacia la autohemoterapia, práctica que ha ganado terreno en consultorios alternativos, incluso entre médicos generales. Desde su perspectiva clínica, ambas tendencias comparten un mismo problema de origen que es la ausencia de evidencia científica.
“En el caso de la autohemoterapia, el riesgo incluso puede ser mayor porque implica manipular sangre fuera de condiciones controladas. No existe ningún protocolo médico validado que respalde que reinyectar sangre genere beneficios inmunológicos”, afirmó.
La especialista explicó que el procedimiento no sólo carece de sustento, sino que introduce variables peligrosas. “Cuando se extrae sangre y se mezcla con otras sustancias, como ozono o compuestos desconocidos, se altera su composición. Eso puede provocar hemólisis —destrucción de glóbulos rojos— , infecciones o respuestas inflamatorias severas”, señaló.
Además, advirtió que la aparente lógica del tratamiento generó una falsa sensación de seguridad entre los pacientes. “El argumento de usar tu propia sangre suena inofensivo, pero no lo es. Si el proceso no cumple estándares de esterilidad, el paciente queda expuesto a bacterias que pueden desencadenar septicemia”, puntualizó.
Testimonios de pacientes en Ciudad de México reflejaron cómo estas prácticas se ofrecen a menudo como alternativa a tratamientos convencionales. En una clínica privada, un médico general egresado de la UNAM realizaba procedimientos de autohemoterapia sin certificación especializada. “Nos decía que nuestro sistema inmune iba a reaccionar mejor, que la medicina tradicional sólo envenenaba el cuerpo”, relató Carmen, quien acudió durante varios meses.
Según los testimonios, el procedimiento seguía un patrón repetido: extracción de sangre, mezcla con un líquido desconocido en una máquina supuestamente traída desde Alemania y posterior reinyección intravenosa. “Nunca nos explicaron qué contenía la mezcla. Sólo confiábamos en lo que él decía”, agregó Carmen.
Pero el aspecto más alarmante surgió en el discurso del propio médico. Varios asistentes coincidieron en que promovía el abandono de tratamientos reales. “Decía que tenía pacientes que dejaron la quimioterapia y mejoraron con esto. Eso nos dio confianza”, recordó Patricio, otro de sus pacientes. Para la doctora Torres, ese tipo de afirmaciones representan un riesgo crítico. “Interrumpir terapias contra el cáncer implica permitir que la enfermedad avance sin control. Eso reduce de forma directa las probabilidades de supervivencia”, advirtió.
EL NEGOCIO. Además del riesgo clínico, estos tratamientos configuraron un modelo de negocio sostenido en la repetición constante. Los pacientes afirmaron que cada sesión tuvo un costo que osciló entre mil 500 y 2 mil pesos, con recomendaciones de aplicación quincenal o incluso más frecuente, lo que elevó el gasto mensual sin garantía de resultados. A esa dinámica se sumó la venta de productos complementarios (suplementos, gotas “detox”, cápsulas o soluciones inyectables) que, según el propio médico, “potenciaban los efectos” y ayudaban a mantener los supuestos beneficios.

