COLUMNA INVITADA

La transformación florece en Oaxaca

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Especial

Oaxaca es el estado con mayor diversidad de México, con una riqueza cultural, social e histórica que son orgullo nacional. Pero precisamente por su complejidad, conducir el esfuerzo de todo un pueblo se convierte en un verdadero reto. Los gobiernos anteriores, encabezados por una mafia que abusó y condenó al abandono a sus comunidades, mostraron su incapacidad y tuvieron que enfrentar la resistencia feroz de nuestro pueblo.

Con la llegada de un gobierno emanado del pueblo, que comparte y comprende la cultura milenaria, la historia de lucha y resistencia, el rumbo de la entidad comenzó a avanzar por un nuevo camino de esperanza, que se sostiene en una nueva forma de hacer la política, donde la visión obradorista se alimenta de los valores y las prácticas ancestrales de nuestras comunidades.

A los principios de la honestidad valiente, la austeridad republicana y el bien de los pobres como prioridad, se integraron en nuestro proyecto el sistema normativo indígena, el tequio y otras formas de organización comunitaria que se cultivaron en esta tierra por generaciones. Esta composición, que integra lo mejor de las dos visiones, nos ha permitido avanzar en la construcción del futuro que anhelamos y por el que siempre hemos luchado. Con este gobierno, Oaxaca comienza a florecer como siempre lo soñó y como lo merece.

El modelo de la Primavera Oaxaqueña, considera 3 ejes estratégicos, a saber: la reparación histórica de nuestros pueblos a través de las políticas de bienestar, el impulso de un nuevo pacto social para la convivencia pacífica y segura, y la construcción de las bases para el desarrollo integral y sostenible de las ocho regiones del estado. Estos ejes son las columnas que le dan forma al proyecto para un futuro de bienestar, justicia y desarrollo de Oaxaca.

Pero la guía de este proyecto está marcada por cinco ejes transversales que le dan sentido humano a cada una de nuestras acciones, llenando de una esencia distinta a nuestro quehacer cotidiano. Primero, y por obvias razones, la interculturalidad; después la perspectiva de género, porque la transformación será con las mujeres o no será; luego el combate a la corrupción, la principal bandera de nuestro movimiento; le sigue la construcción de la paz con justicia, porque ésa es la demanda más sentida de nuestras comunidades; y finalmente, el interés superior de los niños, niñas y adolescentes, porque cuidando lo que más queremos y sembrando la semilla de la esperanza, es como se construirá un mundo nuevo.

Hoy, la transformación florece en Oaxaca con un estilo único, entretejiendo los principios de nuestro movimiento con las enseñanzas de la cultura milenaria de nuestros pueblos originarios. Eso es el gobierno de la Primavera Oaxaqueña, un modelo propio de la 4T en el que confluyen dos visiones atesoradas por años de lucha, resistencia y trabajo en el territorio.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón