La administración de Trump lleva 44 días en el poder, de los cuales sólo 32 han sido días laborables. A pesar del corto tiempo, hemos sido testigos de uno de los reacomodos geopolíticos más significativos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Como adelanté hace un mes, el número de conflictos armados activos en el mundo ha alcanzado un nivel alarmante. Según el informe más reciente, actualmente hay 56 guerras que involucran a 92 países.
En este periodo, Trump ha definido los polos de influencia que su administración proyecta como el nuevo orden mundial: Estados Unidos, Israel y Rusia.

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El respaldo de la administración Trump al Gobierno de Netanyahu permitió el regreso a casa de varios de los secuestrados el 7 de octubre del 2023. Sin duda, es un logro loable.
Sin embargo, la propuesta de tomar control de Gaza y convertirla en un resort de lujo para Medio Oriente es, desde cualquier perspectiva, ofensiva. Además, elimina cualquier posibilidad de una solución basada en la coexistencia de dos Estados. La complejidad del conflicto árabe-israelí no deja espacio para frivolidades ni propuestas estrambóticas. Si se tratara de una iniciativa seria, debió haber sido trabajada, consensuada y construida con un enfoque multilateral.
La reunión entre el presidente Zelenski, de Ucrania, y Trump fue un desastre diplomático, en el que el liderazgo estadounidense tocó fondo. Con ello, Estados Unidos rompió implícitamente su antigua alianza con la OTAN y facilitó el avance militar de Rusia en la región.
Por otro lado, la guerra comercial entre Canadá y México marca el primer paso en la estrategia de Trump para consolidar su zona de influencia en Norteamérica, reclamándola como propia.
A esta administración le restan 1,418 días que, con la velocidad y el desenfreno actuales, parecen imposibles de transitar sin sobresaltos. Además, el riesgo de que los republicanos se mantengan en el poder por dos o tres periodos más es elevado. La pregunta clave es: ¿cómo enfrentar este modelo?
Propongo tres estrategias fundamentales:
1. Asumir que el liderazgo global de Trump es polarizante y que nuestro país está dentro de su ámbito de influencia. La relación estará marcada por agresión, sumisión y políticas conservadoras, ejes de la política autoritaria de derecha.
2. Reconocer la inminencia de un conflicto armado de gran escala y definir la posición que México asumirá tanto durante la crisis como en la posterior reconstrucción de las instituciones internacionales.
3. Gestionar los riesgos externos de manera paralela al restablecimiento de la gobernabilidad, la autonomía económica y el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas.
El mundo enfrenta un reordenamiento geopolítico acelerado y, en este contexto, México debe actuar con visión estratégica. No se trata sólo de resistir la presión, sino de diseñar un plan claro para defender los intereses nacionales en un entorno cada vez más volátil.

