ENFOQUE MANUAL

La multitud y la fe en un niño

Laura Garza<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Laura Garza*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Recién escuché la frase “No es el milagro el que da el lugar al creyente, es el creyente el que da lugar al milagro”, y me remitó a la energía que emana el Papa León XIV y esta fotografía en el Vaticano durante esta semana.

¿Qué sucede alrededor de una figura como el Papa de la Iglesia Católica? El carisma que por añadidura tienen estos personajes para ser elegidos en una tarea de humildad, cercanía con la gente y de un servicio sin descanso para y con la gente.

El primer Papa que me tocó ver con esta energía fue el Papa Juan Pablo II, donde aparecía surgía una especia de energía para atraer miradas, sonrisas, provocar llanto y también mucha paz.

El Papa Francisco también, su sencillez y su congruente identidad nos ganaron. De acuerdo a la religión o lo más apegado, es que un Papa es considerado receptor de dones especiales del Espíritu Santo.

Son personas que cuando los ves cerca o distancia emanan paz, una sensación de que lo inalcansabe puede ser real, y allí descubres la fuerza de la Fe. No es la iglesia, es un ser humano, un hombre que nos acerca a lo que no podemos ver, solo sentir.

La fotografía del fotoperiodista Romo Casilli es un ejemplo de esto, la multitud y sus miradas, pero lo más grandioso de estas imágenes es que puedes adentrarte en ellas y observar las distintas historias, aunque siempre sobresalen a la vista algunos en particular.

Laura Garza │ ENFOQUE MANUAL │ La multitud y la fe en un niño
Laura Garza │ ENFOQUE MANUAL │ La multitud y la fe en un niño ı Foto: Romo Casilli

Por ejemplo la chica del fondo con gorro amarillo casi como en shock y quizá con la nariz roja de llorar de la emoción de haber visto al Papa en primera fila y quizá hasta haberlo saludado.

El joven justo del centro de la foto con sweater azul que tiene la cabeza agachada, pareciera que reza y baja la mirada para recibir algún tipo de bendición.

Sin duda el pequeño que es alzado por su madre o padre, que no se alcanza a ver y el Papa lo toca, lo bendice. El pequeño cierra los ojos, siente la Fe, el milagro, la energía, todo eso que no podemos ver pero nos llena el corazón y el alma. El niño lo reconoce y se entrega al momento.

A esto, pienso en tantos niños y jóvenes que han sido bendecidos por algún Papa y eventualmente son sacerdotes. Mi mejor amigo así tiene su historia, después de que el Papa Juan Pablo II lo bendijera en Monterrey y hoy es un sacerdote entregado al servicio de la fe.

No todos los niños lo encuentran como este que vemos en la foto, que incluso va vestido de blanco, como con una capa como el Papa.

En la foto hay otros niños que ni siquiera voltean a verlo, siempre hay un pequeñito que resulta ser más sensible y receptivo.

Estar allí da lugar al creyente, a la paz, al milagro, a eso inexplicable que solo la fe nos da, a quien la creemos, y la sentimos con el pequeño al sentir la mano del Papa León XVI sobre él.

Bueno y los dos elementos de seguridad que acompañan al Papa León, que saben y entienden lo que ven en ese pequeño.

Eso provoca el Papa León XVI en su poco tiempo de líder de la Iglesia, así como el Papa Francisco lo hizo: hacernos creer y sonreír a la vez.

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