Ya no tiene el Gobierno tanta certeza de que se vaya a aprobar la reforma electoral. Estamos en vías de cambiarle comas o de que sea rechazada.
No es que dentro del Gobierno se haga una autocrítica, el problema está en casa. Han buscado por todos lados resolver las discrepancias, pero no han llegado a acuerdos, y empieza a aparecer el fantasma de que no les alcancen los votos.
No está claro por qué la Presidenta no quiere ceder. El argumento de sus aliados radica en que se pierde con la reforma la pluralidad, lo que también puede interpretarse como que los dejan sin una importante tajada del pastel.

Otro caso grave de atropellamiento
El Partido del Trabajo dejó claramente establecido que no apoyarán el proyecto del Gobierno. A pesar de que la Presidenta les dio cuatro días para que lo pensaran, pero por lo que se ve no había mucho que pensarle, porque es definitivo que la Presidenta no va a cambiar absolutamente nada del proyecto original.
Igual pasó con el Verde, el cual tampoco quiere que le quiten parte del pastel. No se ve que vayan a cambiar de opinión y más cuando el senador Luis Armando Melgar ya hizo cuentas de los votos y lo que podría pasar si no apoyan la reforma en los términos en la que está.
Bajo este escenario, lo más probable es que no sea aprobada la reforma, pero de cualquier manera la envíen a Diputados, que será lo que se conoce como Cámara de origen. No queda muy claro porque de cualquier manera lo podrían hacer. Presumimos que, en este tema en particular, la Presidenta quiere dejar establecido que llegó hasta donde le fue posible; este mensaje va dirigido a Palenque.
El Verde parece dividido internamente, a diferencia de lo que se aprecia con el PT. Los nexos de algunos de sus legisladores con el controvertido propietario de TV Azteca llevan a una confrontación inevitable, que por momentos ha logrado ser atajada, pero que bajo una coyuntura como la presente difícilmente podría presentarse una tregua o algo parecido.
Si nos atenemos a lo que está pasando, y si efectivamente no hay un acuerdo, no habrá reforma electoral. El hecho será, no se puede soslayar, un revés para el Gobierno, el cual tendrá que esperar a que pasen las elecciones intermedias para buscar la aprobación de la reforma. Será el momento en que quedarán redefinidas las fuerzas políticas en el Congreso y en 17 estados del país.
Podría ser también que la dirección fuera el preámbulo de un firme intento de partido único. La Presidenta podría tener a la mano la independencia plena de Morena sin necesidad de tener aliados. En el proyecto de reforma, de alguna manera se podría proyectar este escenario.
Esta coyuntura más grave no podría ser. Estaríamos de regreso a los tiempos de partido único, los cuales presuponíamos que se habían superado como forma de vida democrática en el país. Está muy claro que no deja de ser algo más que una tentación, no sólo para la Presidenta sino para todo su entorno.
El retroceso sería lamentable y altamente riesgoso. Estaríamos acabando de tajo con la pluralidad y, sobre todo, con el reconocimiento de las diferencias entre nosotros como una fortaleza democrática.
En un primer momento es una buena noticia que no fuera aprobada la reforma. Sin embargo, sería muy grave lo que quisieran hacer en un segundo momento con un nuevo proyecto de reforma, sobre todo Morena si se fortalece aún más en el Congreso.
La 4T es una franquicia nacional importante. Pareciera que no le hacen mella los problemas internos que tiene y que provoca en el país.
Falta poco para saber si la reforma termina por ser aprobada sin cambiarle una coma, si la Presidenta cede, o de plano, la mandan a la nave del olvido, lo cual empieza a perfilarse.
RESQUICIOS.
La multipremiada película brasileña Agente Secreto está para verse. Destaca la sensibilidad de hablar de la dictadura, sin necesidad de retratar a los políticos de primera fila. Brasil tiene en esta película un invaluable testimonio de su historia.

