LA MALETA DEL CINE

Un estudio de la humanidad

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

Como suele suceder en la vida, las cosas tienen una coyuntura que uno desearía no fuera el caso. Hoy, los gobiernos de Israel y de Estados Unidos están bombardeando sin cuartel a Irán —un país que no sólo se caracteriza por sus complejos conflictos sociales, por la represión política y por un régimen déspota—, sino también por tener una cultura y una tradición artística, ambas extraordinarias y de enorme riqueza.

La contribución iraní en la cultura y en las artes universales no sólo es invaluable, es innegable. En la música, en la pintura, en la danza, en la literatura y en el cine.

Sólo fue un accidente (2025), de Jafar Panahi, es una de las mejores películas del año pasado y, sin duda alguna, una de las mejores experiencias fílmicas de los últimos 10 años. La dirección de Panahi (Minaeh, 1960) es un modelo de creación dramática, capaz de formular una narrativa absolutamente impredecible y cautivadora. “El ojo” y la sensibilidad de Panahi nos dan la oportunidad de presenciar un relato humano que reta nuestras preconcepciones en cada momento. Su capacidad de guiar a sus actores a tal labor colectiva interpretativa es milagrosa. El prodigioso reparto de Sólo fue un accidente me recuerda a películas como En primera plana (2015), Valor sentimental (2025), Gosford Park (2001) y 4 meses, 2 semanas y 2 días (2007), donde todos los actores, sin importar su papel o protagonismo, ofrecen sus talentos de manera desinteresada para el beneficio de la película, no para el capricho individual por sobresalir.

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En las altas horas de la noche, en las afueras de Teherán, Eghbal (Ebrahim Azizi) viaja en coche con su esposa embarazada y su pequeña hija. Sin tener mucha visibilidad al transitar sobre el camino rústico, no se percatan que atropellan a un perro callejero. Su coche queda averiado y buscan un taller mecánico que los pueda auxiliar. Ahí, cuando esperan a ser atendidos, Vahid (Vahid Mobasseri) se fija detenidamente en Eghbal y en su particular manera de caminar. Tiene una pierna prostética y cada vez que toma un paso produce un sonido muy extraño pero reconocible. Vahid decide seguirlo hasta el día siguiente. Cuando encuentra la oportunidad, lo noquea y lo rapta. En ese instante, ahí, cambia todo lo que pudiéramos esperar de la historia. Vahid acaba involucrado en el secuestro de una fotógrafa (Mariam Ashfari), un par de novios que se van a casar (Hadis Pakbaten y Majid Panahi) y la expareja de Shiva (Mohamad Ali Elyasmehr).

La situación indescriptible y caótica se desenvuelve con profunda espontaneidad y nos lleva al corazón de un conflicto que vincula a todos nuestros personajes. Un lazo que, como acabamos descubriendo, es trágico e impensable.

Pahani encuentra la manera, a través del guion y de la dirección, de subvertir nuestras expectativas, humanas y éticas, a tal grado que la esencia de su cinta permanecerá dentro de nosotros por mucho tiempo después.

Disponible en Apple TV y Mubi.

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