TEATRO DE SOMBRAS

Personas lockeanas

Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Aunque John Locke escribió pocas páginas sobre el tema de la persona, sus ideas han ocupado un lugar central en la filosofía desde entonces. Locke advierte que la identidad, a lo largo del tiempo, de las plantas y de los animales, no depende de que estén compuestos de las mismas partículas.

Un potrillo flaco que crece para convertirse en un robusto caballo de tiro no deja de ser uno y el mismo animal. Lo que vale para las plantas y los animales vale también para los seres humanos. La materia orgánica de la que estábamos hechos cuando nacimos no es la misma que la que tenemos en la vejez, sin embargo, eso no implica que no seamos el mismo ser humano. Pues bien, ¿qué sucede con una persona?

La persona lockeana es un sujeto consciente cuya identidad se extiende hasta el punto en que su

consciencia pueda ir hacia atrás, gracias a su memoria, hasta el punto en que pueda reconocer sus estados mentales y sus acciones pasadas como propias. De la doctrina de Locke se desprenden dos consecuencias sobre las que se han vertido ríos de tinta, a saber:

(A) Hay circunstancias en las que alguien puede seguir siendo el mismo ser humano sin ser la misma persona, ya que puede perder la memoria.

(B) Hay circunstancias en las que alguien puede seguir siendo la misma persona sin ser el mismo ser humano, ya que puede preservar la memoria.

Podríamos decir que la polémica en la filosofía, alrededor de la identidad personal, ha girado alrededor de A y B. Los que suscriben ambas toman el bando lockeano. Los que las rechazan, toman el bando antilockeano.

La teoría lockeana tiene dos consecuencias que han sido examinadas por la filosofía de muchas maneras.

Una de ellas es la siguiente:

(B1) Hay circunstancias en las que una persona puede cambiar de cuerpo.

Esta consecuencia fue reconocida por Locke y ha sido motivo de incontables obras de ficción. En estas historias, dos personas intercambian sus cuerpos por un acto de magia. Después de que las dos viven aventuras, las narraciones acaban en que cada quien regresa a su cuerpo original con aprendizajes valiosos. Hay otras versiones en las que una persona puede transmigrar a un animal, aunque habría que explicar de qué manera alguien podría ser una persona en un cuerpo animal que no dispone de los mismos recursos neuronales. También se han formulado versiones más recientes en las que una persona se aloja en una computadora o un robot.

La segunda consecuencia de la teoría de Locke es:

(B2) Hay circunstancias en las que una persona puede tener más de una instancia.

Aunque esta consecuencia no fue contemplada directamente por Locke, ha sido planteada por sus seguidores, dando a su vez, como en el caso anterior, tema para innumerables obras de ficción.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón