En muchas zonas, sobre todo turísticas del país, en particular en Quintana Roo, Campeche y Yucatán, muchos destinos, especialmente en Cancún, Playa del Carmen y Tulum, han incorporado en los negocios, como hoteles y restaurantes, incluso hasta en las tienditas, una estética y narrativa inspiradas en la cultura maya.
Desde su arquitectura y decoración hasta experiencias inmersivas, estos espacios recrean símbolos, rituales y tradiciones ancestrales como parte de su oferta turística. Es común encontrar ceremonias mayas, temazcales, danzas y espectáculos que evocan este legado cultural. Incluso, producciones de gran escala, como JOYÀ, del Cirque du Soleil, en la Riviera Maya, retoman elementos visuales y simbólicos de esta civilización para construir una experiencia escénica que combina entretenimiento con una reinterpretación contemporánea de lo maya.
Pues hoy, por el simple hecho de tener alguna imagen, hacer una danza en un espacio turístico o, por ejemplo, colocar un Chac Mool como escultura en la entrada del lobby de un hotel, podría ser suficiente para que clausuren el establecimiento. Y es que, con la nueva postura de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), tener cualquier imagen o símbolo que haga alusión a la cultura maya podría ser motivo de sanciones o incluso, de clausura.

Una buena noticia
Le explico cómo es que la SCJN llegó a esta resolución con el caso Xcaret, que me parece, sin darse cuenta, deja en la indefensión y en la posibilidad de ser clausurados a establecimientos, empresas de transporte o negocios que hagan uso de cualquier imagen de la cultura maya.
Lo que está pasando con el caso de Xcaret es mucho más serio de lo que parece. No es un pleito más, no es un tema técnico; es una decisión que puede tener consecuencias muy fuertes para el turismo, la economía y, sobre todo, para la forma en la que se está entendiendo el uso de la cultura en México.
CANCELACIÓN

En Quintana Roo, en Cancún, en Playa del Carmen, en Tulum, prácticamente todo gira alrededor de la cultura maya: hoteles decorados con motivos mayas, ceremonias, espectáculos, rituales, experiencias turísticas completas. Es parte de lo que se vende, parte de la identidad de la región. Xcaret es quizá el ejemplo más evidente de esto. Pero, a diferencia de otros, intentó hacer las cosas conforme a la ley.
Firmó un convenio con el llamado Gran Consejo Maya. Y esto es importante: no es un grupo inventado por la empresa, es una figura reconocida en la Ley de Pueblos Indígenas del estado de Quintana Roo como una autoridad del pueblo maya. Es decir, había un respaldo legal.
Xcaret firmó ese convenio para poder usar los símbolos mayas y, además, para que las comunidades recibieran un beneficio económico. Estamos hablando de un acuerdo de alrededor de 15 millones de pesos. Para muchas comunidades, esto significa ingresos reales, participación en una industria que genera millones.
Hasta ahí, todo parecía en orden. Pero entonces aparecen cuatro personas. Cuatro personas que se ostentan como mayas y que dicen: “No, no tienen autorización para usar esos símbolos”. Y acuden al Instituto Nacional del Derecho de Autor. Lo que hace este instituto es radical: ordena suspender todas las actividades relacionadas con el uso de símbolos mayas. En el caso de Xcaret, eso es prácticamente todo: espectáculos, comercialización y experiencias.
La empresa se defiende y se va al amparo. Y aquí hay que aclararlo: lo que obtiene no es el amparo final, sino una suspensión, una medida provisional para que las cosas no cambien mientras se resuelve el fondo.
El juez dice algo lógico: “Mientras decido si el convenio con el Gran Consejo Maya es válido o no, Xcaret puede seguir operando”. Parecía una decisión razonable. Pero esas cuatro personas impugnan y el caso llega a la Suprema Corte el pasado 26 de marzo de 2026.
La Corte argumenta que, aunque existía un convenio con una autoridad reconocida en la ley, eso no es suficiente. Le da más peso a la inconformidad de estas cuatro personas y ordena suspender el uso de los símbolos mayas.
Se revive la suspensión del Instituto de Derechos de Autor. Y aquí es donde empieza el problema serio, porque estamos hablando de una empresa que genera alrededor de 7 mil empleos directos y más de 50 mil indirectos. En total, cerca de 65 mil fuentes de trabajo dependen de este ecosistema. Pero más allá de Xcaret, el tema es el precedente. Porque si esta lógica se aplica, entonces cualquier uso de símbolos mayas puede ser cuestionado. Cualquier persona que se diga parte de la comunidad maya podría denunciar, por ejemplo, a cualquier hotel. Imagínese que alguien diga: “Ese símbolo es mío, no te di permiso”. El riesgo es enorme. Y, sin duda, esto abre la puerta a la discrecionalidad y a la extorsión.
De los nueve ministros, por ejemplo, la ministra Lenia Batres, que votó para que se pudiera sancionar el uso de las imágenes de la cultura maya, dijo: “No acredita el consentimiento del pueblo maya en su conjunto”. Por su parte, la ministra Estela Ríos expresó: “Qué bueno que las empresas vengan e inviertan en México, pero eso no las faculta a disponer indebidamente del patrimonio”. En contra de este proyecto sólo votaron la ministra Yasmín Esquivel y el ministro Arístides Guerrero.
Lo cierto es que el propio Gobierno ha utilizado estos símbolos sin ningún problema. El Tren Maya, por ejemplo, no sólo usa el nombre, sino toda una narrativa cultural, figuras como el Chac Mool, toda una identidad construida alrededor de lo maya. Si se sigue esta resolución de la Corte, el propio Gobierno no debería poder utilizar los símbolos mayas.
¿O acaso cuando es un proyecto privado se exige todo y cuando es un proyecto público las reglas cambian? Porque además, la Corte está dejando en el aire algo fundamental: si el Gran Consejo Maya, que está reconocido en la ley indígena, no es suficiente, entonces ¿quién lo es?
Lo cierto es que cuando no hay claridad, lo que hay es incertidumbre. Y la incertidumbre, en quienes invierten en el turismo, es peligrosísima. Quintana Roo vive del turismo. Miles de empleos, miles de familias dependen de que esa industria funcione. Si empiezas a meter reglas poco claras, decisiones contradictorias, criterios que pueden cambiar de un día para otro, lo que haces es poner en riesgo todo el modelo.
Aquí no se trata de estar en contra de la protección de la cultura maya. Al contrario, se trata de que haya reglas claras, de que se respeten las figuras que la propia ley reconoce. Hoy es Xcaret, pero mañana puede ser cualquier hotel, cualquier parque, cualquier espectáculo.
Estamos hablando de economía, de empleo, de estabilidad. ¿Cuánto se invierte en cualquiera de estos desarrollos? Además, son las empresas turísticas las que, en gran medida, sostienen la economía de esa zona del país. La gente vive y trabaja del turismo. Y hoy, a una empresa, por tener un símbolo maya, la podrían dejar sin operar.
Está muy bien que se proteja la cultura maya, pero aquí no se está protegiendo la cultura; se está poniendo en riesgo a todo un sector, especialmente al turístico, y con ello, la economía de miles de familias.
Hay que recordarles a los ministros que ellos mismos hicieron su propia ceremonia con un ritual de “limpia”, con elementos indígenas y mayas en la Suprema Corte: sahumerios, rezos, cantos y ofrendas para “purificar” el espacio. Participaron guías espirituales y ellos dijeron que había sido un acto simbólico de renovación y reconocimiento cultural.
¿Cuál es la diferencia entre que los ministros puedan hacer sus ceremonias y el sector turístico no? Muchos de ellos dicen que tener motivos mayas en sus establecimientos también es un reconocimiento cultural.

