TEATRO DE SOMBRAS

Luis Vives y Carlos V

Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

En la Feria del Libro de la Rosa encontré un ejemplar de Concordia y discordia de Luis Vives, publicado en 1940 por la editorial Séneca. Aunque yo ya había leído esta obra clásica del pensamiento humanista, escrita en 1529, quise comprar el libro porque me gustó esa edición que merece considerarse como antigua. Llegando a la casa releí la elegante dedicatoria del libro en el que Luis Vives se dirige al emperador Carlos V. No deja de admirarme la altura intelectual y moral con la que el filósofo le habla al poderoso emperador, el más grande de su tiempo.

Vives no es un intelectual crítico del poder, como los que vendrían después del siglo XIX —el ejemplo paradigmático es Émile Zola—, sino que es un intelectual mentor, es decir, uno que aconseja a quien detenta el poder acerca de cómo debe actuar.

La manera en la que Vives le habla al emperador es un ejemplo extraordinario de la retórica humanista. Vives no se rebaja a adoptar las formas cortesanas, sino que, con mucho respeto, pero también con mucha autoridad —la de su incuestionable prestigio intelectual—, lo invita, es más, lo impele, a que cumpla con una misión que sólo él y nadie más en el mundo entero podía realizar, a saber, la de lograr la concordia en una Europa desangrada por las guerras y dividida por el odio.

Esa peculiar relación entre Vives y Carlos V es algo que hoy, en el siglo XXI —que uno diría, está por arriba no sólo en el tiempo sino en el avance de la civilización— resultaría inimaginable entre un intelectual y el presidente Trump, que también se las da de emperador del mundo y, por si fuera poco, de príncipe de la paz.

Por una parte, no hay, en el mundo entero, un intelectual de la altura del valenciano Luis Vives. Por la otra, tampoco hay comparación entre Carlos V y Donald Trump. Aquí sí que vale aquello de que “tiempos pasados fueron mejores”. No sé si el mundo era menos malo en el siglo XVI que en el actual —la crueldad, la ambición, la violencia de aquél fueron espantosas—, pero lo que sí es evidente, es que no hay en el presente dos personajes equivalentes a Luis Vives y Carlos V. Vives escribió a Carlos V porque sabía que sus ideas llegarían al emperador y que el soberano las escucharía, las meditaría, tendrían un efecto en su voluntad. Vives no le hablaba a un muro, le hablaba a un mandatario que tenía plena consciencia de su lugar en la historia, de la misión que debía cumplir como un príncipe cristiano. Carlos V no fue perfecto, cometió muchos errores, pero no se puede negar que fue un verdadero estadista. No como otros gobernantes de nuestros días.

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