Pesimistas dudan que México se haya transformado a partir de 2018. Malquerientes de la autoproclamada Cuarta Transformación aseguran que tan sólo se trata de un cambio de élites en el poder. Y en su corrupción. Políticos, criminales y negocios se vinculan, protegen y expanden.
Con el Poder Legislativo de guardia, la Presidenta Claudia Sheinbaum aprovecha el ánimo futbolero premundialista para meter, sin las engorrosas consultas públicas, no sólo una enmienda a la todavía fresca reforma judicial que su movimiento impuso, sino también tres bolas rápidas en materia electoral.
La jugada debe ejecutarse antes del 30 de mayo para que las correcciones sean aplicables en el proceso electoral del próximo año.

• Riesgosa ausencia
En cuanto a la elección popular de jueces, la intención es postergarla al 2028. Falta aclarar si esa votación irá con o sin la consulta popular para la revocación del mandato presidencial al lado.
Y de trenecito, Palacio Nacional y el coordinador de los diputados oficialistas, Ricardo Monreal, propondrán fortalecer los mecanismos electorales para prevenir que el crimen organizado penetre a través de los comicios, estructuras de gobierno. Haga usted de cuenta como en Sinaloa o Morelos. O sumemos como ejemplos a otra docena de entidades.
Por cierto, la acción política para resguardar elecciones de capos y narcos se envió mientras a los despachos presidenciales ingresaban, el zar de la Seguridad de Estados Unidos, Markwayne Mullin, junto con el embajador —exboina verde— Ronald Johnson, acompañados de sus pares mexicanos, justo cuando Washington, a través de fiscalías federales, detona expedientes judiciales en contra de políticos mexicanos por servir al narco y señalar que en las urnas fueron apoyados por esos cárteles para hacerse de sus cargos.
Y en mayor sincronía, apenas hace un par de días el gabinete de seguridad nacional retomó, ahora en Morelos, su operativo integral Enjambre para detener y perseguir a alcaldes de la región Atlatlahucan, Yecapixtla y Cuautla que, apoyados por criminales, gobernaban protegiendo a sus patrocinadores. Putrefacción de la vida pública que se copia a nivel nacional con todo y la supuesta transformación.
Regresando a las reformas electorales que Morena busca ahora sí, darle a su máxima líder, normas más estrictas en la selección y mayor fiscalización jurídica y financiera en la validación de candidaturas.
Suena bien. La cosa es que también abre la puerta a que tirios y troyanos se acusen para entrampar nominaciones, para judicializar desde antes el proceso.
Adicional a los filtros para candidatos, la iniciativa promueve otra causa de nulidad electoral, la de “injerencia o intervención extranjera”. Tal cual. Y ponen como ejemplos naciones de Europa del Este que han sido blanco de propaganda y desinformación masiva desde potencias vecinas a través de redes y ciencia de datos.
Soberanía nacional, la épica del momento. Lo que mueve al escepticismo es la perversa ambigüedad oficialista para determinar cómo demostrar qué es injerencia. ¿Redes sociales y campañas de la ultraderecha global? Alertas.

una narrativa que patea el bote

