El domingo pasado Claudia Sheinbaum encabezó un acto para conmemorar el segundo año de su triunfo electoral. Aunque fue anunciado como informe de gestión, en realidad fue una movilización para ordenar a Morena rumbo a 2027 y 2030.
Enumeró logros: inversión extranjera, inflación contenida, empleo, programas sociales, IMSS-Bienestar, infraestructura, Pemex y CFE. Mensajes conocidos, entremezclados y por momentos también confusos. Esta vez, sin embargo, el mensaje fue más allá de presumir resultados: advirtió sobre la amenaza estadounidense.
Durante meses Sheinbaum privilegió la prudencia y la cabeza fría frente a Washington. Ahora reafirmó un cambio de tono: de la defensa de la soberanía pasó a la denuncia del injerencismo estadounidense. El domingo advirtió que Estados Unidos amenaza con convertirse en elector definitivo de políticos mexicanos: si ahora viene por Rocha Moya y funcionarios sinaloenses, después vendrá por otros, al punto de decidir quién gobierna en México.

• El que suda agua bendita
La modulación tuvo destinatarios internos. Cuando la Presidenta dice que si vienen por uno vienen por todos, no es un mensaje de fuerza a Washington, sino un teamback para Morena. Frente a la justicia estadounidense, Sheinbaum ofrece institucionalismo mexicano y defensa de su gobierno, quizá por soberanía, quizás para evitar filtraciones, fracturas y una desbandada hacia Estados Unidos como vimos en Sinaloa.
La Embajada de Estados Unidos también ha adquirido un papel protagónico. Ronald Johnson prácticamente anticipó la acusación contra Rocha Moya y funcionarios sinaloenses. Después del mensaje presidencial, el embajador señaló que la lucha contra los cárteles debe unir y no dividir. Sheinbaum reviró acusando una extralimitación y recordando que los asuntos internos corresponden a los mexicanos.
El endurecimiento tiene una fuente primigenia: el caso de los agentes de la CIA muertos en Chihuahua. El Gobierno mexicano se sorprendió por la presencia de agentes extranjeros en territorio nacional y el estadounidense, por la falta de empatía del Gobierno federal hacia sus mártires. El incidente dio a Washington y a la oposición “tela de dónde cortar”.
El PAN aprovecha la coyuntura para intentar retener Chihuahua en 2027. Organizó un evento para respaldar a Maru Campos, a quien Morena amagó con juicio político y convirtió, sin quererlo, de gobernadora aislada en símbolo opositor. El evento panista, con Fox y Calderón, buscó reforzar la narrativa conocida: Morena protege gobiernos capturados por el crimen, es autoritario y está desgastado.
Conforme avancen los juicios en Estados Unidos contra políticos sinaloenses, se acerquen las elecciones de noviembre, caminen las investigaciones del T-MEC y llegue 2027, la presión subirá. La compresora está en el norte. La pregunta es hasta dónde quiere llegar Estados Unidos y cuánto puede capitalizar la oposición.
Sheinbaum endureció el discurso justo cuando negocia el T-MEC y necesita inversiones. Si asumió ese costo, calcula que el beneficio político interno será mayor. El riesgo es que la soberanía sirva para cohesionar a Morena, pero no alcance para administrar la presión real de Washington.

Las y los suspirantes

