Usted puede leer la palabra “vichara” y pronunciarla al mismo tiempo, pero si le escribo vichāra, querrá saber cómo es su verdadera pronunciación.
Miramos con detenimiento y en español podríamos jugar como si tuviera un acento ¿Vichára, Vikara? Un juego de palabras y sonidos que no surgen por la escucha, sino por sus ojos y por ende por la lectura que le da su cerebro.
Todo parte de la mirada, de lo que vemos y lo que nos comienza a significar. Observamos y capturamos en la mente, lo retenemos si es que nos parece llamativo o se torna importante, o simplemente parpadeamos y lo desechamos.

Hace unos días escuchaba una entrevista con la Dra. Ana Asensio, psicóloga sanitaria, psicoterapeuta y doctora en Neurocencia y tratando de entender un poco el actuar del cerebro, pronunció Vichara.
La mirada se alertó en señal de sorpresa, e hizo que no solo escuchara, sino que tuviera mi total atención mirándola.
Esta palabra tan divertida, significa tener una mirada sostenida con alguien, como un mínimo de 5 minutos. ¿Pero quién ve a los ojos tanto tiempo?
Así es, es un acto muy exclusivo en donde logramos vincularnos con el otro, a través de cómo mira y cómo nos mira.
En la actual cotidianidad se ha convertido en un triunfo magistral dar la mirada a alguien, sentirse conectado y atenderlo en su totalidad. Alguien podría decir que eso pasa cuando te enamoras, pero como en estos tiempos enamorarse tampoco es común, las miradas se dispersan.
Las pantallas, las miradas, lo material y el tiempo.
Los fotógrafos tenemos la fortuna que nuestros ojos han sido entrenados por el simple gusto de mirar, observar y buscar conectar, en particular quienes retratamos a personas, buscamos historias y queremos dejar una huella visual de algo o de alguien.
Miramos porque buscamos la historia que él o ella no es capaz de contar, buscamos encontrarnos en ellos para hacer un trabajo visual que nos diferencie de los demás.
Fotografiar no es pedir que posen frente a uno, contar con el equipo más sofisticado y de última generación, ni tampoco la opulencia de quien busca que lo vean por lo que tiene y no por lo que hace.
Fotografiar también es escuchar, es tener paciencia, es darle a entender a ella o a él que están frente a tu cámara, que su mirada nos importa. Rogelio Cuellar, amigo y maestro siempre lo menciona a sus alumnos “El poder de cualquier retrato está en la mirada de quien fotografías”.
Vichara.
Sostenerle la mirada al desconcido para hacernos cercanos, no por 5 minutos, sino por mucho más.
Como la fotografía de esta pequeña, un privilegio para usted y para mi poder detenernos a mirarla directamente por mucho tiempo y alcanzar a ver el peso de su llanto con miedo, y con el susto de quien vive un terremoto y pierde su casa.
Entonces aquí, la miramos a detalle y nos entristecemos, la sentimos y nos identificamos, porque hemos estado en ese colapso emocional, no solo cuando fuimos niños, sino de adultos.
Llora para aligerarse sabiendo que está en los brazos de su madre, en donde lo tiene todo y puede serlo todo.
La neurociencia dice que nuestros ojos son la parte externa del cerebro, son una máquina que trabaja reconociendo y queriendo derribar cualquier barrera que se interponga entre lo que mira y lo que yo quiero que me mire.
Tanto nos falta como seres humanos volver a buscar la mirada y quererla sostener, hacerla propia y vernos en ese reflejo tan fuertes y frágiles a la vez.
Le invito a que busque la mirada de su pareja, de sus amigos, de su familia, o del desconocido que viaja todos los días junto a usted rumbo a la jornada laboral.
Hagamos Vichara como magia, como cercanía y como si fuera su propio fotógrafo personal creando escenas que serán difíciles de olvidar.
Mirar y sostener.

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