En esta temporada de Día de Muertos y Halloween, vale la pena hablar de una de las figuras más populares, sino que la más, de la imaginaria popular del terror: Drácula.
Dos películas en particular ilustran su versatilidad y su enorme riqueza expresiva tanto dramática como estremecedora. Drácula de Bram Stoker (1992) del legendario Francis Ford Coppola, y Nosferatu (2024) de Robert Eggers.
La primera es considerada como la adaptación más fiel a la novela icónica del autor irlandés. La segunda es un remake, pero también una reinterpretación de la clásica del cine mudo, Nosferatu: Una sinfonía de horrores (1922) del grande pionero del cine, F.W Murnau.

Raspón a Corral… desde Morena
Drácula es una novela de terror gótico de 1897. La historia comienza con el abogado inglés Jonathan Harker, quien emprende un viaje de negocios para alojarse en el castillo de un noble de Transilvania, el conde Drácula. Tras revelar su verdadera naturaleza como vampiro, se enamora de Mina (la futura esposa de Harker), y se traslada a Inglaterra en busca de su amada. Harker se une al grupo de Abraham Van Helsing, un famoso cazador de vampiros, para destruir al vampiro.
Stoker elaboró más de cien páginas de notas, basándose en el folclore y la historia de Europa del Este, y en personajes como el príncipe valaco Vlad el Empalador.
En el caso de Nosferatu es la misma premisa, cambia la geografía — en lugar de Inglaterra es Alemania—, Harker es Hutter, Mina es Ellen, Van Helsing es el Profesor von Franz y el conde Drácula es el Conde Orlok. Lo que Eggers cristaliza a través de su dirección, la magnífica fotografía de Jarin Blaschke, el impecable diseño de producción de Craig Lathrop y la banda sonora de Robin Carolan, digna de evocar las peores pesadillas, es la capacidad de hacernos sentir profundamente los sitios donde transita Hutter para llegar con Orlok. Aquella región esotérica en los rincones de Hungría, Rumania y Transilvania.
Coppola por su parte, diseñó su filme con algunos de los mejores efectos análogos de nuestra época, utilizando brillantes efectos ópticos, pinturas mate y miniaturas. La fotografía de Michael Ballhaus, el diseño de producción de Thomas Sanders, los vestuarios de Eiko Ishioka, el departamento de maquillaje y la música inolvidable de Wojciech Kilar producen un espectáculo para los sentidos.
Las actuaciones son fenomenales — Gary Oldman como Drácula y Lily-Rose Depp como Ellen son sólo dos ejemplos de la maestría de ambos repartos —.
Pero yo diría que todavía más interesante es la dualidad de las miradas de los dos cineastas. Para Coppola es una trágica historia de amor entre Drácula y Mina, la destrucción del conde es el medio para un fin; para Eggers, Orlok es una figura violenta que abusa a Ellen y se aprovecha de su vulnerabilidad explotada por una sociedad patriarcal.
Drácula de Bram Stoker está en Prime Video y Nosferatu en HBO.

Maromas

