Las elecciones de este martes en Estados Unidos podrían quitarle a Donald Trump el control del Congreso. Lo extraño es pensar que también le quitarán las ganas y herramientas para gobernar sin límites.
Este 3 de noviembre, los estadounidenses elegirán a los 435 integrantes de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 senadores y 36 gobernadores. Son las elecciones intermedias, celebradas a la mitad del mandato presidencial, y suelen convertirse en un referéndum sobre la administración en turno. Desde hace décadas, el partido en el gobierno casi siempre pierde escaños, víctima del desgaste natural de ejercer el poder.
Esta vez las encuestas también apuntan a una derrota republicana. El promedio de RealClearPolling coloca a los demócratas más de ocho puntos por delante en la preferencia nacional para el Congreso. La Cámara de Representantes parece al alcance de la oposición, aunque recuperar el Senado es más complicado. No es un resultado asegurado, pero los demócratas podrían ganar una parte del legislativo.

Raspón a Corral… desde Morena
El cambio sería significativo. Con una mayoría en la Cámara baja los demócratas podrían presidir comités, exigir documentos, citar funcionarios a comparecer e investigar los abusos de la administración. También podrían bloquear nuevas leyes y disputar el presupuesto. Incluso tendrían la posibilidad de iniciar otro juicio político contra Trump, aunque destituirlo requeriría una mayoría de dos tercios del Senado. Son contrapesos reales, no meros gestos simbólicos. Sin embargo, hay un salto enorme de ahí a imaginar un presidente Trump que será moderado y estará amordazado. Y ni siquiera necesitamos especular sobre su temperamento para advertirlo, ya vimos esta película.
En 2018, los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes y le negaron a Trump los recursos que exigía para construir su muro fronterizo. Su respuesta no fue abandonar el proyecto ni negociar una solución bipartidista. Después de un cierre gubernamental de 35 días, en febrero de 2019 declaró una emergencia nacional para intentar utilizar fondos aprobados para otros fines. Perder el Congreso no lo hizo recular, todo lo contrario, lo llevó a buscar cómo darle la vuelta.
Hoy las posibilidades de conflicto son todavía mayores. Durante su segundo mandato, Trump ha extendido el uso del poder ejecutivo, ha supercargado a diversas agencias federales como ICE o al Departamento de Defensa (ahora llamado de Guerra) y convertido la lucha contra los grupos criminales, designados como terroristas, en justificación de operaciones militares en el continente. Esa designación no autoriza por sí sola una guerra, pero las operaciones contra embarcaciones sospechosas o contra Irán muestran hasta dónde está dispuesto a estirar sus atribuciones.
Una oposición fortalecida podría investigarlo y frenarlo en algunos terrenos. Pero también le ofrecería un nuevo enemigo al cual responsabilizar de cualquier fracaso, mientras concentra sus esfuerzos en decisiones ejecutivas, política exterior y seguridad. Las elecciones presidenciales de 2028 empezarán a disputarse políticamente desde el miércoles, no dentro de dos años. Aunque Trump no podrá presentarse nuevamente, sí tendrá incentivos para definir a su sucesor y mantener movilizada a su base electoral. Desde este lado sería imprudente esperar que desaparezcan las amenazas comerciales, migratorias o militares porque terminó una campaña electoral. El martes sabremos algo importante sobre la fuerza en las urnas del trumpismo. Lo que no sabremos, y nadie debería dar por descontado, es que un Trump con menos poder legislativo será un Trump menos peligroso. A veces, cuando se cierran las puertas institucionales, quienes desprecian sus límites tienen más incentivos que nunca para mandarlas al diablo.

Maromas

