“¡No la dejes, no la dejes!”, resonó con insistencia desde la orilla del área de combate. La voz de la entrenadora Guadalupe García se convirtió en el segundo aire de sus atletas, quienes, con los músculos tensos y cubiertas de arena, respondieron con cada gota de sudor a una cita que ya quedó grabada en las páginas de la historia deportiva del país.
Bajo el inclemente sol de Saly y sobre la superficie inestable de la arena, García vivía el encuentro con nerviosismo pero con un aliento inquebrantable. Su mirada estaba fija en María José Paz (75 kg), la joven queretana que llegó a tierras africanas respaldada por sus credenciales como la tercera mejor del continente y el quinto lugar a nivel mundial. La consigna previa en el vestidor había sido clara: “Ha llegado la hora, no dejen de pelear hasta el último momento, vamos por una medalla... Cero distracciones, intensidad hasta el final”.

El desafío en el Grupo A fue monumental. La mexicana se plantó con valentía ante potencias internacionales de la disciplina, midiendo fuerzas consecutivamente contra las representantes de Venezuela (Noemi Oyolalond), China y Serbia. Aunque el exigente nivel de la competencia se tradujo en tres derrotas que le impidieron avanzar en el torneo, el resultado numérico no ensombrece la magnitud de su hazaña.

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Con este torneo, María José Paz se convirtió oficialmente en la primera mujer mexicana en competir en lucha de playa dentro de unos Juegos Olímpicos de la Juventud. Más allá de las pizarras, Paz y su entrenadora Guadalupe García han derribado una barrera histórica en Dakar 2026, consolidando las bases de una nueva modalidad olímpica para las próximas generaciones del deporte azteca.
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