Con la intención de satisfacer las demandas de gasto, acelerar el ritmo y mejorar la credibilidad de la consolidación fiscal, tener un espacio fiscal para futuros choques externos y lograr un alza del grado de inversión, México debe contemplar una reforma fiscal estructural, señaló Fitch Ratings.
“En nuestra opinión, pensamos que ahora es el momento de empezar a contemplar una reforma fiscal estructural por tres razones. Uno, abordar y poder satisfacer las demandas de gasto; dos, acelerar el ritmo y mejorar la credibilidad de la consolidación fiscal. Y tres, crear espacio fiscal para el próximo choque externo, porque vivimos en un mundo donde va a haber choques sucesivos”, indicó Shelly Shetty, managing director sovering de Fitch Ratings.
La analista destacó que, la calificación soberana se reafirmó en abril (BBB- con perspectiva estable) porque el país mantiene fortalezas crediticias como un tipo de cambio flexible, un régimen de metas de inflación, disciplina macroeconómica y la baja participación de moneda extranjera en la deuda.

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No obstante, un cambio negativo podría determinarlo un aumento de la deuda, si el Gobierno perdiera el control de la consolidación fiscal y si la relación deuda/PIB crece o por un choque externo mayor; en caso contrario, lo positivo para una mayor calificación sería la implementación de una reforma fiscal estructural y que se construya flexibilidad fiscal, que la deuda se lleve a la baja y se propicie el entorno de inversión y más crecimiento económico.
“Un cambio de visión podría darse si hubiera una escalada material y rápida en la carga de la deuda de México, si el gobierno perdiera el control de la narrativa de consolidación fiscal y la relación deuda/PIB comenzara a dispararse, o si ocurriera un choque económico mayor. Por el contrario, la presión al alza en la calificación requeriría que el gobierno implemente una reforma fiscal estructural, construya flexibilidad fiscal, encamine la deuda a la baja o propicie un entorno de inversión y crecimiento económico más dinámico”, agregó.
Sostuvo que los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP) bajaron del 6.0 por ciento como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) en 2024 a 4.3 por ciento en 2025, y es un avance, pero pese al progreso hay algunos desvíos en comparación con las metas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
Sobre el desempeño fiscal en 2026, añadió que hay riesgos en el futuro, porque las metas apuntan a una consolidación fiscal moderada de 1.1 por ciento en comparación con el 4.3 por ciento del año pasado.
Y los desafíos son que los ingresos petroleros han sido menores a lo esperado; además, el Impuesto Sobre la Renta (ISR) de igual forma ha tenido un desempeño inferior, quizá condicionado al bajo crecimiento económico del país.
Sobre el gasto, consideró que aún se tiene un incremento respecto a las transferencias sociales; no obstante, el gasto en capital ha sido moderado, y el apoyo a Petróleos Mexicanos (Pemex) también presiona al gasto.
“Vemos que, en contraste con lo que vimos en los últimos años, cuando la base de ingresos crecía porque el Gobierno se enfocaba en la administración tributaria y pudo elevar la base de ingresos, tal vez eso se esté aplanando y se esté aplanando en torno a una base de ingresos que se nivela alrededor del 19 y 20 por ciento del PIB. Aún así, ya sabes, por debajo de la mediana de BBB del 25 por ciento del PIB”, agregó la analista.
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