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El turismo atraviesa una crisis. Producto de la inseguridad en México y de las constantes advertencias por parte de Estados Unidos hacia sus ciudadanos de que no deben visitar nuestro país. Esto ha propiciado una propuesta por parte de Enrique de la Madrid, secretario de turismo, a favor de la legalización de la mariguana en Quintana Roo y en Baja California Sur.

Hace unas semanas, Christopher Domínguez Michael sugería también la legalización de la mariguana como una medida contra Trump, en cuanto a que la Casa Blanca no ha podido controlar la tendencia de la entrada de la droga al mercado. Pero qué nos espera en caso de que algún día la mariguana se legalice en algunas zonas de la República Mexicana.

En primer lugar existe un proceso a la inversa en cuanto a la producción y consumo de mariguana. California se ha convertido en una potencia en el ramo. Baste asomarse a Ciudad Juárez, donde el noventa por ciento de yerba que se consume ya no es yerba. Es decir: es THC. Que ingresa a nuestro país vía El Paso, Texas. Este fenómeno se ha popularizado a lo largo de toda la frontera. Olvidémonos de la mota sinaloense o michoacana cultivada en campos. Lo de hoy es la producción de laboratorio.

Todo el ingreso que obtenían los cárteles mexicanos de la venta de mariguana en Colorado y California les fue arrebatado primero por la autorización del uso medicinal y después recreativo de la mota, y lo recuperaron con un movimiento radical. Incrementar la pureza de la heroína y abaratarla. Ha sido tal el éxito de esta medida que ahora en Estados Unidos existe una epidemia de heroína. Los opiáceos han matado en los últimos años más gente que la guerra de Vietnam. Y el 85 por ciento responsable de esas bajas se produce en México. La combinación con otros derivados, como el Fentanil, está patrocinando viajes al más allá tanto de personas comunes como de estrellas de rock. Prince, Dolores O’Riordan y Tom Petty han sido algunas de sus víctimas.

Si México legalizara la mariguana en Quintana Roo y en Baja California Sur competiría con California por el mercado de la mariguana no sólo en el norte del país sino en el sur. Un lugar al que la mota californiana le es más complicado acceder. Y lo sabemos todos. La legalización en dos estados tendría que de-sembocar en la legalización en todo nuestro territorio. Y se encaminaría a lo ocurrido en Estados Unidos, su uso recreativo se despenalizaría. Nos brincaríamos la etapa medicinal. Esto parece ser la solución a nuestros problemas en materia de seguridad. Asumimos que se reducirían los índices de violencia derivados del negocio de la droga. Pero ¿y los cárteles?

Durante el mes de noviembre Tijuana registró más de mil quinientas muertes violentas producto del crimen organizado. Esto es un indicio de los niveles sanguinarios que son capaces de alcanzar los narcos si se les amenaza su negocio. Si les arrebatamos las ganancias de la venta de mariguana qué van a hacer. Recordemos que el narco no pierde. Y que por duro que resulte: gran parte de la agenda de este país depende de sus injerencias. Uno de los
problemas más graves de México es el crack. Si los cárteles empiezan a regalar la heroína y ésta es sustituida por el crack nos precipitaremos más rápido hacia el infierno. Ante el acorralamiento, los cárteles e
mpezarían a secuestrar. Como una medida para presionar al gobierno. Y quiénes son los primeros en la lista. La clase política y económica que domina este país. Los gobernados seríamos daño colateral. Y ya sabemos que tampoco estaríamos en el paraíso.

Por qué en Estados Unidos se pudo legalizar la mariguana y en México todavía no. Antes que comercializar la droga, tenemos que hacer que se respete el estado de derecho. Mientras no se cumpla la ley en este país la despenalización no va a producirse. Cada que ocurre una matanza en Estados Unidos nos burlamos de los gringos locos por vender armas a cualquiera. Pero nosotros no somos un ejemplo. Allá al existir el registro de armas saben contra quién enfrentarse. Este país no vende armas pero tiene 120 mil muertos y no hay nadie en las cárceles del país pagando por esos delitos.

En estos tiempos electorales la legalización de las drogas es un tema crucial. Sin embargo, es más complejo de lo que parece. No es tan sencillo como proponer que se ponga un tope en una calle. Tendrían que rodar cabezas. Y lo sabemos, en este sexenio de atropellos. Necesitamos la garantía de que la legalización contra las drogas hará posible que los mexicanos vivamos en paz. Porque como están ahora las cosas, con mil quinientos muertos al mes, la despenalización sólo apunta a que la violencia que hemos sufrido en el pasado haya sido una luna de miel.

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