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El escorpión atestigua con entusiasmo y azoro el cambio de régimen: es el inicio de “una nueva etapa de la democracia mexicana” —insisten analistas—, resultado de “la madre de todas las elecciones” —según las califican otros. Y también barrunta previsibles cambios en la prensa y en los medios de comunicación derivados de los contundentes reacomodos políticos y la redistribución del poder por venir.

Ante la perspectiva de una inminente revisión de la relación del poder con los medios, no han faltado tampoco quienes ya gritan: “¡Censura, censura!”, “¡quieren controlar los medios!”, “¡dominio ideológico!”, “¡anulación de la crítica!” y demás advertencias. Al venenoso le parecen curiosas, si no tendenciosas, estas voces de alarma en las plumas de quienes jamás hicieron una crítica al sistema de medios de comunicación en México (prensa, televisión, radio, internet), siempre financiados por la publicidad gubernamental, de la cual muchos dependen para sobrevivir.

El alacrán recuerda un ejemplo: la reacción feroz de los medios de Chihuahua cuando llegó Javier Corral al saqueado gobierno de ese estado y suspendió el gasto en comunicación social. Los poderosos dueños de periódicos y televisoras locales lo acusaron de “represor” de la libertad de prensa.

Ante la perspectiva de una inminente revisión de la relación del poder con los medios, no han faltado tampoco quienes ya gritan: ¡Censura, censura!

El venenoso ha vivido muchos sexenios como para no saber del replanteamiento en la relación con los medios implícito en cada cambio de gobierno. De entrada, siempre se prevé una baja inmediata (entre 35 y 50 por ciento) en los presupuestos para comunicación social. No hay una cifra precisa acerca del gasto en la publicidad oficial pagada a los medios por el gobierno federal, los gobiernos locales y otras entidades del Estado, pero se calcula en alrededor de 20 mil millones de pesos cada año, es decir 120 mil millones en seis años.

Encima, este sexenio agonizante se distinguió por el incremento brutal de esas cifras, y aun antes de irse a descansar sus fatigas, Peña Nieto nos dejó encargada la #LeyChayote, muy criticada por mantener el control gubernamental patrimonialista de los recursos para comunicación social.

Sin darle más vueltas, esto debe cambiar, piensa el arácnido, y la respuesta de los medios también puede ser feroz contra un nuevo régimen al cual numerosos columnistas, intelectuales y comentócratas (neo)liberales con poder mediático se opusieron de forma radical.

Este reto, entre otros innúmeros, enfrentará en lo inmediato el nuevo régimen y su nuevo presidente, quien llamó “benditas redes” a ese animal multiforme y de mil cabezas al cual tantos intelectuales maldicen con temor y angustia por haberles arrebatado el monopolio de la voz.

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