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Foto: Especial
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Memorial Device (Sexto Piso, 2018) es una de las novelas más originales que han caído en mis manos en los últimos años. Cuenta la historia de un grupo postpunk y al mismo tiempo la de una escena, una ciudad, una época.

No es una novela convencional. Es una memoria coral. Ahí radica su originalidad. Hasta antes de Keenan este modelo sólo había sido utilizado por biógrafos. Por favor mátame. La historia oral del punk de Legs McNeil y Gillian McCain es uno de los libros pioneros de esta nueva manera de contar una historia. El atrevimiento de Keenan consiste en trasladarlo a la ficción.

Organizado a partir de una serie de entrevistas, cada capítulo es narrado por una voz distinta. Es una especie de mix tape. No existe un relato lineal. Todos los testimonios van conformando una columna vertebral que responde al nombre de Memorial Device, la mítica banda que sucumbe antes de alcanzar el estrellato. La forma en que esta novela establece una cronología es bastante peculiar. No obedece ni a la ficción ni a la no-ficción. Aunque los años en los que se desarrolla son primordialmente 1983, 1984 y 1985, el efecto que Keenan persigue es el de configurar un sonido. Lo dice el mismo Ross Raymond en “Instrucciones a por qué lo hice”: “Su sonido no se podía comparar a nada. Sonaba como Airdrie, que es como decir que sonaban como sonaría un puto agujero negro”.

Lo anterior es atribuido a la banda, pero también es una cualidad que puede aplicarse a la novela. La búsqueda del sonido funciona aquí como una especie de filosofía. La rebeldía eterna en contra del sonido Madchester. Que si bien no se acuñaría hasta finales de los ochenta, en los años de Memorial Device funciona como una protesta contra el domino de las capitales.

Keenan es hijo de un humilde zapatero. Su padre abandonaría su oficio para enlistarse en las filas de ejército republicano irlandés. Encontró en la música un vehículo para educarse a sí mismo. La cultura no era una preocupación familiar. Fue miembro del grupo Taurpis Tula y montó un sello discográfico, Volcanic Tongue. Pero lo que más refleja su personalidad es su inclinación hacia el underground. Por principios nunca entró en contacto con el mainstream. Tiene opiniones radicales sobre la música. No le gusta Bowie pero ama a Lou Reed.

Al tercer capítulo de Memorial Device el lector advierte que está ante un libro diferente. Que la manera en que le están contando la trama no se parece a la manera en que antes le han contado historias. Keenan también es crítico de rock. Y pone sus conocimientos de periodista musical al servicio de la ficción. Al final del libro se incluyen varios apéndices. Una relación de personajes, la discografía inventada de Memorial Device y un repaso a la escena postpunk de Airdrie. Pero no se trata de la historia de un periodista de rock metido a novelista. Es la obra de un narrador contundente. Cada capítulo es una delicia. Por ello Kim Gordon afirmó que le gustaría vivir dentro del libro. No es la única.

Es la obra de un narrador contundente. Cada capítulo es una delicia”.

En estos tiempos en que la literatura se desarrolla mucho en el no-lugar, Memorial Device sitúa a la ciudad otra vez como protagonista. Y mitifica un nuevo territorio literario: Airdrie, una ciudad al este de Glasgow, cuyo equipo es el Airdrieonians F.C. Y no es un nuevo Macondo, ni pretende serlo. Pero desde ya es un territorio sagrado para los lectores de Keenan. Un espacio habitado por 37 mil personas. De donde salieron los protagonistas de la novela. Que en una ciudad tan pequeña se suceda una escena como la retratada en Memorial Device es lo que le otorga a la novela el carácter irrevocablemente mítico. Hace al lector pensar que todo el mundo estaba metido en la música. Que todo mundo tenía una banda. Que nada importa más que el rock. Y eso eleva a la ciudad, la de la ficción y la de la realidad, a un lugar especial.

Los personajes son entrañables, a uno como lector lo asaltan unas ganas de meterse en la novela y recomponer el rumbo de sus protagonistas. Inmovilizarlos para siempre. Que Memorial Device no se separe nunca. Cristalizarlos en el tiempo. Eso sucede con muy pocos libros. Esto habla del poder de conmovernos de Keenan. Memorial Device es una magnifica oda pop.



David Keenan estará dentro del Hay Festival en Querétaro, el sábado 8 a las 10:30 horas en el Teatro de la República, en conversación con Rulo y Amandititita, y el domingo 9 a las 13:00 horas conversará con Mariana H. en el Teatro de la Ciudad.   

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