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casquillos encontrados en la escena, en la carretera Pirámides-Tulancingo. Foto: Especial

Un error por parte de los escoltas del vicepresidente corporativo de Televisa, Adolfo Lagos, fue lo que finalmente le quitó la vida.

Los peritajes elaborados por la Fiscalía del estado y la Procuraduría General de la República (PGR) indican que fue uno de sus guardaespaldas quien lo hirió cuando buscaba defenderlo de dos hombres que aparentemente querían asaltarlo mientras realizaba un recorrido en bicicleta sobre la carretera federal Pirámides-Tulancingo.

Autoridades cercanas a las indagatorias del caso revelaron a La Razón que los peritajes dieron positivo para un arma calibre 9 milímetros como la misma que hirió a Adolfo Lagos. La pistola pertenecía a uno de los escoltas identificado como Héctor Jiménez.

Ayer los peritos de la Fiscalía mexiquense y de la PGR sólo habían recuperado siete casquillos de la zona en la que se registró el incidente. Todos eran de las armas de los escoltas.

Los siete eran calibre nueve milímetros  y estaban esparcidos en un diámetro de no más de metro y medio. Uno estaba sobre el pavimento, mientras que los otros seis quedaron fuera de la cinta asfáltica.

Foto de archivo donde aparece Adolfo Lagos Espinosa, durante una conferencia de cuando era directivo de Serfin. Foto: Victoria Valtierra/Cuartoscuro

El domingo, tras el incidente, el guardaespaldas Jiménez aseguró fueron dos ladrones los que salieron de entre una nopalera y le cerraron el paso a su jefe y a su acompañante, que iban en bicicleta.

Jiménez circulaba junto con el escolta David Morales unos metros atrás, en una camioneta blindada.

Según dijo, aquellos sujetos intentaron asaltar a su jefe, por lo que trató de ayudarlo. Pero entonces un delincuente le disparó al directivo de Televisa.

Aseguró que en su intento por defenderlo, disparó hacia los ladrones, lo que supuestamente desató un enfrentamiento en el que un delincuente resultó herido, pero escapó.

Sin embargo, tras los primeros peritajes y una reconstrucción de hechos, las autoridades mexiquenses encontraron diversas inconsistencias en ese relato.

Los investigadores no lograron hallar ninguna bala de las armas de los ladrones. Tampoco manchas de sangre del que supuestamente resultó herido.

La principal hipótesis establece que Héctor Jiménez, al ver a los dos hombres cerca de Adolfo Lagos, accionó su arma en distintas ocasiones y él hirió a su jefe, sin que los ladrones dispararan entonces.

Y es que los peritos rastrearon en un área de 100 metros y no hallaron ningún otro casquillo que corrobore que hubo intercambio de disparos.

Según los primeros estudios, en su intento por auxiliar a Lagos, los escoltas alcanzaron a golpearlo con la camioneta en la que ellos viajaban.

Hasta anoche ambos guardaespaldas se encontraban aún rindiendo su testimonio sobre lo sucedido.