Pablo Cuerta estaba observando la práctica de bateo antes del juego por el campeonato Estados Unidos-Venezuela en el Clásico Mundial de Beisbol, cuando se dio cuenta.
Había miles de venezolanos en el juego en Miami. También había miles de estadounidenses en el juego. Y algunos (como Cuerta, un venezolano-estadounidense) pudieron, básicamente, alentar a ambos lados. Su camiseta: una franela de Venezuela. Su gorra: la gorra del equipo venezolano. Y sobre los hombros, atada sobre el pecho: la bandera de Estados Unidos.
“Nací en Venezuela, y este país me dio la oportunidad de venir, de ser ciudadano. Aprecio a ambos países, ¿sabes? Uno, nací en Venezuela. Y dos, este me dio todo lo que tengo. Así que, me enorgullece tener a ambos países”, dijo Cuerta, quien condujo desde su casa cerca de Orlando para los últimos días del torneo en Miami.

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Venezuela ganó 3-2 y atrapó el título del Clásico por primera vez. Y cuando terminó el juego, el loanDepot Park se convirtió en un solo rugido ensordecedor. Venezuela quizá era el país visitante, y el equipo visitante en la pizarra, pero una multitud en Miami con un marcado sabor latino hizo que los nuevos campeones se sintieran como en casa.
“Esta es una fiesta para todo el país de Venezuela”, manifestó el bateador designado Eugenio Suárez, quien impulsó la carrera de la ventaja definitiva con un doble en la novena entrada.

En Caracas estudiante de secundaria Yorleiny Mestra no podía creer que estuviera presenciando un momento histórico del béisbol venezolano junto con miles de personas que se congregaron en un plaza de la capital.
“¡Estoy eufórica! ¡Es tremendo!”, exclamó Mestra. “Es muy emocionante porque es la primera vez que Venezuela gana una final. Estados Unidos es una superpotencia, y el hecho de que les hayamos ganado me llena de orgullo por Venezuela”.
Mientras la gente cantaba el himno nacional de Venezuela, los conductores se unieron a la celebración tocando las bocinas de sus motocicletas y autos.
Tal como ha ocurrido durante todo el torneo, los aficionados venezolanos se hicieron sentir con fuerza para ver a su equipo en Miami. Los siete juegos de su selección en el Clásico se disputaron dentro del estadio de los Marlins de Miami.
Desde el inicio, estos inusuales tiempos políticos (el líder depuesto de Venezuela, Nicolás Maduro, está actualmente encarcelado en Nueva York y enfrenta cargos por narcotráfico, después de que fuerzas estadounidenses ejecutaran una operación militar en Venezuela a principios de este año para capturarlo) no han tenido mucho efecto en la alegría que los venezolanos sienten por este evento, incluso al jugarse en suelo de Estados Unidos.

Cuando ambas banderas fueron llevadas al plato como parte de la ceremonia previa al juego, el estadio simplemente rugió.
“Súper emotivo con Venezuela y estar aquí para el juego de campeonato. Esto va más allá del deporte. Es bien merecido. Hemos vivido muchas cosas difíciles dentro de nuestro país. Este es el momento para que Venezuela logre algo tan especial y memorable”, comentó Argenis Masiaf, residente de Miami que tenía la bandera venezolana pintada en el rostro para el juego.
Los jugadores y entrenadores de Venezuela han intentado evitar cualquier conversación política. Han dicho de muchas maneras que están en el Clásico para jugar beisbol, y el mánager Omar López reiteró ese sentir antes de la final.

Sin embargo, López reconoció lo mucho que para Venezuela (un país sudamericano apasionado por el béisbol, de unos 32 millones de habitantes) significa llegar al juego por el título y poder enfrentar a Estados Unidos. Señaló que esperaba que estuviera mirando “todo el país”.
“Esta noche, todos van a estar juntos. Todo el país va a paralizarse para ver el juego, y juntos vamos a tener mejores generaciones para nuestro país, unidos sin color, colores políticos o ideología. Tenemos gente con doble ciudadanía. Esta es la única manera”, afirmó.
“Tenemos el deporte. El beisbol es una de las mejores herramientas o formas de educar a un país. Disciplina, dedicación, determinación. Si no crees en eso, deberías empezar a creer. Tienes que creer en eso. Treinta seres humanos hoy van a unir a Venezuela mediante un juego de béisbol”, añadió.
Incluso la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, se pronunció antes del juego.
“Esta noche, toda Venezuela tiene una cita con el béisbol”, compartió Rodríguez en redes sociales. “Por primera vez en nuestra historia llegamos a la final del Clásico Mundial. A nuestros muchachos, les decimos con el corazón: ¡Arriba Venezuela! Todo el país está con ustedes. ¡A ganar!”
Josh Rojas, un estudiante de Utah, estaba afuera del estadio tres horas antes del primer lanzamiento el martes, empapándose del ambiente. Tenía una “V” de Venezuela pintada en ambos lados del rostro y también llevaba una bandera con orgullo.
“Mi familia y yo sabíamos que Venezuela iba a tener una buena campaña, así que vinimos. Hombre, ha significado todo”, señaló Rojas. ”Soy un latinoestadounidense, y esto solo me hace sentir más orgulloso de mi herencia latina. Es increíble ver a todo un país, a toda una comunidad unirse para apoyar a este país a través del béisbol”.

Jaci Douglas dijo que “odia” el beisbol. La estudiante de medicina de Pensilvania consideró el juego del martes como algo que va mucho más allá del deporte.
“Mi madre es venezolana. Tengo familiares políticos que son venezolanos”, expresó Douglas. “Todos están aquí esta noche y me dijeron que si me lo perdía, me arrepentiría. ... Es un acontecimiento”.
Cuerta contó que escuchó que todos en Venezuela (el país que dejó hace ocho años) estaban pendiente a la final.
“Muchas fiestas, en todas partes. En cada espacio, cada restaurante, cada calle, en todos lados. Todo el mundo está mirando”, dijo. “Cuando nacemos, eso es lo primero que hacen tus padres. Antes de mandarte a la escuela, te mandan al campo. A eso se refieren cuando dicen que está en nuestra sangre”.
En Caracas, cientos de aficionados congregados en plazas y paseos peatonales de la capital y otras ciudades venezolanas celebraron masivamente el triunfo de equipo sobre Estados Unidos que marcó un hito al titularse campeones por primera vez en el Clásico Mundial de Beisbol.

Gritos y estruendosa música bailable se dejó escuchar por doquier tras el último out que selló la victoria en Venezuela, el único país sudamericano donde el beisbol y no el fútbol es el deporte número uno, sin distinción de clases sociales o rivalidades políticas..
“Esto es algo grande, una gran alegría; después de tantos años de tristezas, de crisis, de ver partir a nuestros seres queridos”, dijo Rafael Rivas, un profesor retirado de 60 años, quien resaltó que tiene la esperanza que “sigan pasando cosas buenas” para el país.
La presidenta Delcy Rodríguez decretó que el miércoles será un “Día de Jubilo Nacional”, no laborable para festejar.

