Britney Spears estaba en una encrucijada, y no solo porque la película “Crossroads” (“Crossroads: Amigas para siempre”) estaba a punto de estrenarse, marcando su debut como actriz.
Era el año 2001. Spears, entonces con apenas 19 años, era una de las personas más famosas del planeta, ensalzada como el sueño adolescente definitivo por legiones de fans en todo el mundo y por una industria de celebridades lasciva. Ese año, actuó durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl y cambió para siempre el rumbo de la moda, primero, al aparecer con su novio Justin Timberlake con atuendos de mezclilla a juego en los American Music Awards y luego con una pitón albina alrededor del cuello durante su actuación en los MTV Video Music Awards.
Entraba de lleno en la adultez, a toda velocidad, después de disfrutar un ascenso meteórico con sus dos primeros álbumes, “… Baby One More Time” de 1999 y “Oops! … I Did It Again” de 2000. Su tercer álbum, “Britney”, se publicaba justo antes de su cumpleaños número 20 y resultaría transformador.
Legacy Recordings lanzó el viernes “Britney (25th Anniversary Edition)”, una reedición ampliada de su disco decisivo, que alcanzó cuatro veces el platino en menos de dos meses. La colección incluye dos remezclas y cinco canciones inéditas de esa época, su primera música nueva (¿o es vieja?) desde que anunció que “nunca regresaría a la industria musical” en una publicación de Instagram en 2024.
Las canciones inéditas de “Britney” suman a la mitología de Spears
La primera de las cinco pistas de archivo es “She’ll Never Be Me”, coescrita con Timberlake, su entonces novio, quien además canta coros. Timberlake coescribió un tema del álbum original, pero este nuevo lanzamiento llega después de que Britney Spears escribiera sobre su relación en sus memorias de 2023, compartiendo detalles profundamente personales sobre un embarazo, un aborto y una ruptura dolorosa.
En cuanto a cómo encaja con el resto del álbum, la canción se integra muy bien con sus efectos vocales y su producción de los años 2000 impulsiva, funciona como un excelente lado B.
Lo mismo podría decirse del resto, desde el engañoso arranque lento de “Am I A Sinner” y los ritmos influenciados por el pop latino de “Right Now (Taste the Victory)”, hasta la “When I Say So” con fallas digitales, proto-hiperpop, y la sentida e inusualmente extensa “My Big Secret”, que incluye la interpretación vocal más sólida de Spears en todo el álbum. Es un falsete deslumbrante.
En lo temático, varias de estas pistas podrían leerse como una respuesta a la obsesión de la prensa sensacionalista con la virginidad de Spears en el momento del lanzamiento. “You’ll get some when I say so” (Tendrás algo cuando yo lo diga), canta en “When I Say So”.
Y en “Am I A Sinner” bien podría estar mirando a unos medios injustos, o a cualquier mala relación: “Tell me, am I a sinner? / Tell me, am I wrong? / Something’s wrong with the picture / This is not my fault” (Dime, ¿soy una pecadora? / Dime, ¿estoy equivocada? / Algo no cuadra en la imagen / Esto no es culpa mía).
Desde la publicación de sus memorias superventas, “The Woman in Me” (La mujer que soy), que detalla su infancia, ascenso a la fama, matrimonios, maternidad y tutela, los fans han trabajado para recontextualizar cómo se retrató a Spears al inicio de su carrera. Estas canciones sin duda inspirarán más trabajo detectivesco. Pero otros quizá lo aborden de manera más simple, a través de los lentes color de rosa de una nostalgia fácil.
Al final, es un álbum escrito y grabado en el espacio entre la adolescencia y la adultez, por la mujer a la que una generación miró como una guía para hacer lo mismo.
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