¿Es un derecho la educación superior?

El Lic. López Obrador ha declarado que la educación superior no es un privilegio, sino un derecho. Lo que sostiene me parece correcto siempre y cuando hagamos algunas distinciones pertinentes.

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Todos los días miles de turistas chinos de las provincias llegan a las puertas de la Universidad de Beijing. No las traspasan porque la entrada está restringida, pero se conforman con fotografiarlas. Colocan a sus pequeños frente a la entrada y les toman instantáneas. Los padres saben que será extraordinariamente difícil que sus hijos sean aceptados en esa prestigiosa institución.

El porcentaje de solicitantes que logra ingresar es de menos de ochenta por cada diez mil, si son habitantes de la capital, y en el caso de los candidatos del interior el número es mucho menor, uno o dos por cada diez mil. Como medida de comparación, recordemos que la Universidad Autónoma de México acepta a uno de cada diez aspirantes que presentan el examen de admisión. 

Hay que aclarar que muchos de los jóvenes que no pueden entrar a la Universidad de Beijing son canalizados a alguna de las dos mil instituciones de educación superior del país. El método de selección en cada caso es imparcial y transparente. Al salir del bachillerato, los estudiantes presentan un examen de admisión nacional. Según el puntaje que reciban pueden acceder a la universidad elegida. Esta prueba es una de las prácticas de mayor prestigio en el país. Se considera que no existe modo de brincar el proceso de manera corrupta. 

Hay que aclarar que muchos de los jóvenes que no pueden entrar a la Universidad de Beijing son canalizados a alguna de las dos mil instituciones de educación superior del país. El método de selección en cada caso es imparcial y transparente

China tiene una larguísima tradición de exámenes públicos. Durante cientos de años, los aspirantes para obtener puestos en la administración imperial tuvieron que presentar un examen en el que demostraban su conocimiento de la tradición legal, moral y religiosa. Ese examen se canceló a finales del siglo XIX, cuando el Estado chino se modernizó; sin embargo, se implementaron nuevas pruebas para determinar el ingreso a los puestos gubernamentales y a los espacios académicos. El examen de admisión a la universidad fue suspendido durante la llamada Revolución Cultural. En cuanto pasó ese periodo tenebroso de la historia de China, se reinstaló y continúa hasta nuestros días. 

Todo esto viene a cuento por las insistentes críticas que el Lic. López Obrador ha hecho de los exámenes de admisión como criterio para ingresar a las universidades públicas. Por ejemplo, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México —modelo experimental de su concepción de la educación superior— en vez de un examen, se realiza un sorteo. Es la suerte y no el mérito lo que decide el ingreso. 

Universidad de Pekín
Universidad de Pekín, o Beijing Daxue, fundada en 1898.

El Lic. López Obrador ha declarado que la educación superior no es un privilegio, sino un derecho. Lo que sostiene me parece correcto siempre y cuando hagamos algunas distinciones pertinentes. 

En China, como en cualquier país socialista que rechaza los privilegios de clase, nadie está excluido en principio de la posibilidad de presentar el examen de admisión para la educación superior. Quienes logran aprobarlo alcanzan el derecho de recibir una educación universitaria. Gracias a ello, incluso el estudiante más pobre puede graduarse como médico, ingeniero o filósofo. Quienes no pueden pagar las colegiaturas —la educación superior en China no es gratuita— reciben becas y apoyos. 

China ha logrado en treinta años sacar de la pobreza a más de 500 millones de personas. En México, en el mismo lapso, no hemos sido capaces de hacer lo mismo con 50 millones

Sin embargo, a los chinos les queda muy claro que la educación superior no es un derecho universal, es decir, que no vale para quienes no cumplen con las condiciones académicas para inscribirse en el examen de admisión o para quienes lo presentaron mas no obtuvieron la calificación mínima. También les queda clarísimo que el derecho de estudiar en una universidad de excelencia, como la de Beijing, sólo lo adquieren quienes obtienen el alto puntaje requerido para ingresar en ella. 

China ha logrado en treinta años sacar de la pobreza a más de 500 millones de personas. En México, en el mismo lapso, no hemos sido capaces de hacer lo mismo con 50 millones. Para transformar al país tendremos que dar un impulso decisivo a la educación pública en todos sus niveles. México dejará de ser un país de salarios miserables sólo si preparamos mejor a nuestros niños y jóvenes. Pero para lograr este objetivo debemos actuar con mucha seriedad. La educación superior no debe ser privilegio de unos pocos —de eso no queda la menor duda—, pero tampoco puede convertirse en el derecho irrestricto de cualquiera. Las universidades no son guarderías de muchachos ociosos. Dejemos a un lado la demagogia y trabajemos con responsabilidad en lo que nos toca.

Guillermo Hurtado

Guillermo Hurtado

Filósofo, investigador.
Guillermo Hurtado

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