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foto: Especial

El último miembro original del poderoso y veloz trío británico Motörhead, el guitarrista Fast Eddie Clarke, murió por neumonía en enero. Estará en el Valhalla del rock con sus legendarios compañeros caídos en 2015, el bajista Lemmy Kilmister y el baterista Phil Philty Animal Taylor. Los tres charros-vaqueros-rockeros se borraron, “Killed By Death”, de la portada de Ace of Spades, tras cuarenta años de tocar en anfetas y alcohol del 666.

Como su sobrenombre lo indica, en algún renglón de la historia Fast Eddie Clarke tuvo que ser el guitarrista más pesado y veloz del orbe. Pero hubo un Johnny Ramone que conservó esa corona. Clarke lo fue para poder seguir las pisadas a la mancuerna ferroviaria de Lemmy y Animal. Él venía de tocar blues en el grupo de Curtis Knight Zeus, cuando se vio envuelto en una gran bola de fuego, la locura musical de Kilmister durante los años y los discos esenciales: Motörhead (77), Overkill (79), Bomber (79), Ace of Spades (80), Iron Fist (82) y el clásico en vivo No Sleep ’til Hammersmith (81). Pese a que siempre negaron la cruz del heavy metal —we play rock and roll”—, las generaciones de speed y thrash los reconocen como progenitores de ambas vertientes. También tuvieron una profunda relación con el punk, particularmente con los Ramones, los Damned y los Plasmatics. Pero las diferencias musicales entre Kilmister y Clarke colisionaron en 1982.

Después de Clarke pasaron varios guitarristas, algunos muy buenos —Brian Robertson de Thin Lizzy, Michael Würzell Burston, fallecido en 2011, y Phil Wizzö Campbell—, pero ninguno con el toque del Fast Eddie. Aquí tuvimos la oportunidad de escucharlos en vivo en un par de ocasiones y en el disco Aftershock nos dedicaron “Going to Mexico”, pero sin el Fast. Al abandonar su trío mater, donde obtuvo la maestría en feedback, formó Fastway con el bajista Pete Way de UFO, el baterista Jerry Shirley de Humble Pie y el cantante Dave King. Se aceleraron y durante la siguiente década lanzaron una decena de discos y cuatro grabaciones en vivo, aunque nunca tuvieron el impacto ni dejaron la huella de Motörhead. Los tres primeros, Fastway (83), All Fired Up (84) y Waiting For The Roar (86) siguen una línea guitarrera combustible con la imaginería y la rapidez de los dragsters. Ese sonido empezó a diluirse porque su alineación cambió con la dirección hidráulica de los sintetizadores. Después de Eat Dog Eat (2011), Clarke volvió a tocar con Zeus y grabó dos discos solistas, Make My Day: Back To Blues (14) y Warfare-Warfare (17).

Fast Eddie Clarke no tuvo que ser un virtuoso para inventarse una técnica y tocar con un innovador como lo fue Lemmy, forjó un sonido para escapar de su circunstancia obrera, vivir de la música o reparar embarcaciones el resto de sus días. Eso lo llevó a crear un estilo flamígero de llamas azules que hizo escuela. A los 67 años terminó sus días como los empezó: tocando blues.

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