El fracaso de la vaquita marina y las incongruencias

DE TOUR

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Es que nomás no hay forma de entenderlos. Aquí la mano derecha no sólo no sabe lo que hace la izquierda, sino que juegan a ponerse ellas mismas “las esposas”. Un asunto que tiene que ver con las mejores intenciones para salvar una especie marina y un capricho político destinado a afectar a otra.

El plan parecía destinado al éxito. La Vaquita Marina, una especie en peligro de extinción que habita en el Golfo de California –quedan unos cuarenta animales, según especialistas- se convirtió, su rescate, en una prioridad para el gobierno mexicano. Especialistas convocados por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales diseñaron la estrategia que consistía en llevar algunos ejemplares de esta especie a un hábitat controlado por personal capacitado para tal fin –como los delfinarios que se conocen- y buscar su reproducción en cautiverio para después soltarlos de nuevo al mar y buscar con ello que no se extingan. Un proyecto al que el gobierno mexicano le destinaría unos dos mil millones de pesos –unos ochocientos en específico para el programa de captura controlada- y que cuenta con el mayor respaldo de la autoridad. El asunto es que luego de varias semanas de un meticuloso trabajo realizado por especialistas norteamericanos y mexicanos, dos ejemplares fueron recuperados, pero uno de ellos murió. No resistió la captura; tampoco el estar en un espacio controlado. El otro ejemplar fue liberado en las aguas del Golfo de California para evitar que corriera la misma suerte. Vale recordar que esta especie se encuentra en proceso de extinción por la pesca ilegal que se realiza en esa zona de otra especie, conocida como la Totoaba, que se encuentra prohibida. El uso de redes para capturarla y luego venderla en el mercado chino con ganancias millonarias, afectó a la vaquita marina hasta casi desaparecerla.

Y el programa está suspendido en este momento.

En el equipo que participó en este programa principalmente se encuentran especialistas de la US Navy o de parques como Sea World. Por México un veterinario que trabaja para un delfinario vinculado a la Asociación Mexicana de Hábitats para la Interacción y Protección de Mamíferos Marinos, fue quien estuvo en este equipo las semanas en las que trabajaron en las aguas del Golfo. Un especialista que, como otros más que trabajan en empresas integradas a esta asociación, se encuentra en los más altos niveles en el mundo en materia de cuidado y protección de mamíferos marinos. Su trabajo cotidiano con especies en cautiverio los ha llevado a asesorar en el mundo entero a gobiernos y empresas dedicadas al cuidado de éstos. Quizá la Semarnat pudo ahorrarse recursos si hubiese sido más receptiva a los ofrecimientos de apoyo de especialistas mexicanos.

Pero, pues, el proyecto no ha funcionado.

La incongruencia es que en México, al tiempo que se busca la protección de una especie en extinción buscando su reproducción en cautiverio, haya una legislación en vías de ser aprobada en el Senado que prohíbe e incluso criminaliza la reproducción de especies en cautiverio. Esa ley antidelfinarios –que no es más que un capricho político de un personaje que no se caracteriza por su protección y respeto a los animales, y que el Partido Verde lleva como bandera.

Esta ley pretende prohibir –y reitero, criminalizar- que los delfines en espacios controlados se reproduzcan. Lo que se pretendía con la vaquita marina, pues.

Una gran incongruencia.