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Carmen Méndez y su hijo Juan Carlos Batana Méndez. Foto: Karen Rodríguez

La familia Batana Méndez, una de las más pobres de San Lucas Colucán, Puebla, ya tenía a cuestas el reto de sacar adelante al más pequeño de sus hijos, de apenas cinco años, Juanito, a quien un tumor cerebral le arrebató las posibilidades de ver, de hablar y de moverse. Pero el 19 de septiembre de 2017, una onda oscilatoria agitó los frágiles cimientos de la vivienda que habitaban en las faldas del cerro: la derrumbó. Quedaron sin casa.  

 El sismo, que tuvo epicentro en esa entidad, les dio una muestra más de cómo el destino no mira a quién entrega el infortunio… pero también cómo éste, en el caso suyo, podría en algún momento no ser tan definitivo. Les ha llevado hasta el lugar donde viven, a tres y media hora de la Ciudad de México, manos amigas.

  • El Dato: Los 3 tipos de cáncer infantil más comunes en México son la Leucemia (31%), los tumores cerebrales (16%) y el linfoma (15%).

 Los Batana Méndez son ocho. Faustino, quien se dedica a la zafra de caña, es el padre, Carmen la madre y tienen seis hijos. La mayor tiene 16 años y ya dejó la escuela, el hermano que le sigue 15, quien trabaja como peón en la construcción de su vivienda y los demás pequeños van a al escuela salvo Juanito, a quien hace dos años –cuando tenía tres— le detectaron un tumor cerebral.

 Se quejaba de dolor de cabeza, cansancio y vómito. Lo llevaron al doctor del pueblo. “Nos decía que era una infección en el estómago, pero empezó a perder fuerza y dejó de caminar”, cuenta la mama del niño, quien no se rindió y buscó otra opinión aunque tardaran tres horas en llegar a la próxima clínica, pero igualmente la mejora no llegaba.

 Hasta que el pequeño Juan enfermó más, ya no pudo levantarse de la cama. Continuó recorriendo hospitales y finalmente en el nosocomio La Margarita, en el centro de Puebla, le realizaron una tomografía, que reveló el verdadero mal: un tumor cerebral grado 2 del lado derecho.

 El final del camino no llegó ahí, pues Juanito visitó otras clínicas en las que, de acuerdo con Carmen, no lo atendieron debido a que no contaban con el personal o el equipo necesario, pero llegaron al hospital de San José, en dónde les prometieron realizar un procedimiento para poder extirparle el tumor.

 Juanito pasó un mes hospitalizado y en ese tiempo tuvo que ser intervenido para realizarle una traqueotomía, pues el tumor le impedía respirar. Ante la condición del niño, la familia solicitó la cirugía, pese a los riesgos que implicaba, pues tenía la esperanza de que el menor se mejoraría.

 La cirugía la realizó la neuróloga Suly Carro y, días después, Juanito estaba de vuelta en su casa, reaccionaba a las voces de sus hermanos y sus papás. Ellos tenían la esperanza de que iba a regresar como un niño sano, pero Juanito había perdido la vista. “Nos dijeron que no iba a ver con un ojo, pero dejó de ver completamente”, señala Carmen Méndez.

Así pasó un año en el que niño lloraba porque escuchaba la televisión, y no podía verla, así que desarrolló el gusto por la música y se emocionaba al escuchar los temas de La Trakalosa en el radio.

 Sin embargo, su voz se apagó cuando un día se convulsionó por cuatro horas. Lo llevaron al doctor, pero los medicamentos no lo controlaban, y cuando lograron hacer efecto, Juanito no volvió a hablar, ni a jugar. Ahora es movido en una carriola, tiene la mirada perdida y se muerde las dos manos.

 Carmen y Faustino pensaron que tendrían que vivir con su hijo enfermo y sin casa el resto de sus días, sin embargo la asociación De Mano a Mano llegó a San Lucas Colucán como una luz al final del túnel, pues la fundación eligió a la familia de Juan para construirle la casa que el sismo le arrebató.

Y tras conocer la situación del pequeño Juan, los integrantes De Mano a Mano, Beatriz Garza y Carlos Pérez Escamilla, admirados por el esfuerzo de cada miembro de la familia Batana Méndez decidieron que además de entregarles una casa ayudarían a mejorar la vida de Juanito.

“Lo que vamos a hacer los coordinadores y donadores de esta casa, es tratar de canalizarlo al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez, en dónde, de acuerdo a su situación económica, va a ser el costo; probablemente no haya ninguno, y ahí un médico experto y con mayor equipo le va a poder ayudar. Vamos a tratar que él esté lo mejor posible para una mejor calidad de vida”, señala Beatriz Garza, voluntaria de la fundación.

Sin embargo, el caso de Juanito no es el único pues de acuerdo con el INEGI en América Latina cerca de 29 mil niños y adolescentes con menos de 15 años fueron diagnosticados con cáncer, siendo la leucemia y los tumores en el cerebro los más comunes.

 Además, un estudio del organismo señala que estas enfermedades, además del impacto físico que suponen, tienen consecuencias socioeconómicas, principalmente en comunidades desfavorecidas socialmente como en el caso de San Lucas Colucán en dónde las consultas cuestan 300 pesos cuando las familias ganan entre 100 y 150 pesos al día.

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