Meses complicados por venir

QUEBRADERO

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Al conflicto que está viviendo la UNAM se suman dos fechas que marcan la historia reciente del país: 26 de septiembre, la desaparición de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, en Iguala, y el 2 de octubre, 50 años de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

El ambiente tenso no se ha diluido en la UNAM. Lo importante es que buena parte de sus escuelas están abiertas; esto permite que la Universidad no pierda su cotidianeidad y que los estudiantes tengan su mirada en objetivos escolares.

A pesar de que de suyo, son fechas de enorme relevancia y que de cualquier manera se van a conmemorar, es evidente que después de lo que pasó el 7 de septiembre en CU, los escenarios tienen fuertes cambios.

El entorno está siendo cada vez más fértil para la provocación. Las cosas se pueden descomponer aún más, como quedó en claro ayer. Un grupo de cerca de 150 habitantes de Acuexcomac y San Salvador Atenco, opuestos totalmente a la construcción del aeropuerto en Texcoco, y por lo que se vio, también al de Santa Lucía, se manifestó en contra de las obras.

Fueron desalojados, según todas las versiones, violentamente, lo que además de golpes, enojos y rabia, los llevó a cortar de nuevo la circulación de todo vehículo que quisiera acceder a la obra.

El país tiene varios frentes. Todavía se ve lejos la fecha en que López Obrador va a tomar posesión como Presidente; por más que tenga una capacidad de maniobra evidente, no está en funciones constitucionales.

A esto se suma que Peña Nieto está, desde el 1 de julio, como ausente.  Anda en algo que hemos definido como una encomiable civilidad política, pero también como parte de un acto de sobrevivencia; no sabe lo que se le puede venir y anda poniendo su mejor cara al gobierno entrante; hay en el ambiente una dosis de vacío de poder.

Es por esto, y por la siempre intensa dinámica interna de la UNAM, que los riesgos aparecen con más fuerza. Como caja de resonancia del país, lo que pasa en el exterior le puede afectar, aunque pareciera que no tiene nada que ver con ella.

Algunos de los temas que los estudiantes han puesto en la agenda pueden provocarle a la máxima casa de estudios largas y profundas discusiones.

El tema de la democratización de la universidad pude ser una arma de dos filos. Por una parte, se abre la posibilidad de que se revisen los mecanismos internos de gobernabilidad.

Pero por otra, el proceso puede llevar a la tentación de querer llevar la agenda a los terrenos de consultas que, sin soslayarlas, no responden del todo a la dinámica de una institución que tiene como objetivo la enseñanza, la investigación científica y la difusión de la cultura.

La UNAM puede entrar a un callejón sin salida de nuevo. En esos hoyos negros que tanto la han dañado y ante lo cual, la dejan sola y la usan.

La importancia del encuentro del lunes entre López Obrador y el rector Graue está en la rapidez con la que se convocó, a una semana de la agresión a estudiantes por porros, en CU; presumimos que ello habla de la importancia que le concede el Presidente electo a la universidad; a fin de cuentas es su casa de estudios.

Tendremos meses difíciles, porque hay grupos que se están dando cuenta que están perdiendo sus privilegios o posiciones, en tanto que hay otros que quieren acomodarse.

A la UNAM ya la traen en la mira. El entorno está muy complicado, en medio de largos meses.

RESQUICIOS.

El Congreso aprobó una promesa de campaña de López Obrador. Morena echó la maquinaria y avaló un punto de acuerdo para que se frene la evaluación docente. No hay duda que debe revisarse, pero sería bueno que contemplaran que cerca de 85% de las y los maestros en todo el país aplicarán evaluaciones como mecanismo de ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia. Sería lamentable que se pongan de nuevo, en aras de la rentabilidad política, a heredar y vender plazas.

Javier Solórzano Zinser
Javier Solórzano Zinser

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