Hasta la tarde de ayer, en varios puntos de la alcaldía Cuajimalpa, a quien echaban de menos haciéndose cargo de la situación, tratando de reconfortar a los que perdieron todo u organizando los apoyos a las familias damnificadas por la tromba que les pegó el lunes pasado era al alcalde Carlos Orvañanos. Se ha informado que el panista sí habría recorrido algunos sitios para ofrecer ayuda, sin embargo, vecinos consultados in situ no lo han visto ni a él ni a personal de su administración. “Estoy esperando la ayuda de nuestro alcalde y no ha venido, no nos ha brindado el apoyo adecuado. Por favor, si llega a venir, que sea parejo, que no se salten, que no digan: ‘éste sí y éste no’, porque todos somos afectados”, refiere el testimonio de una vecina que se reporta hoy en estas páginas. La atención de los daños no es el único tema donde se tienen las alertas encendidas, también las hay por los tiraderos de basura en las calles de la alcaldía, un problema que requiere más atención, nos dicen, si se quieren evitar inundaciones en estos tiempos de fuertes lluvias. Pendientes.

Sobre advertencia...
Dicen que los que están bien nerviosos por la “cercanía” del gusano barrenador son los texanos, que incluso se ha visto envuelta en una suerte de alarmismo desatada por información poco precisa de sus propios representantes políticos. Todo comenzó, nos explican, con las afirmaciones que propagó el legislador estatal Don McLaughlin. El republicano aseguró el pasado lunes que la plaga que afecta al ganado mexicano está a menos de dos kilómetros de Texas, por lo que exigió más candados en la frontera con nuestro país para proteger a la multimillonaria industria ganadera del estado más grande de EU. McLaughlin fue desmentido por la mismísima secretaria de Agricultura del país vecino, Brooke Rollins, que corrigió que la distancia es mayor —unos 40 kilómetros— por los casos que se han documentado en los estados mexicanos que comparten frontera con Texas. No hay, pues, casos de gusano en el país vecino, pero sí un miedo bastante contagioso.
Nos comentan que la tranquilidad del retiro de Andrés Manuel López Obrador podría verse una vez más trastocada. Y es que su familia ha hecho lo posible —deliberadamente o no— para que esto no ocurra. Ejemplos sobran, pero ayer hubo una manifestación de partida doble. Primero, el segundo hijo del tabasqueño, Andy, publicó una foto con su padre, con la breve pero sustanciosa frase: “Soy hijo de quienes aman y lucharon por el pueblo”. Nada hay de malo con publicar imágenes con la familia, lo que ocurre, señalan varios, es que es complicado no sobreinterpretar este tipo de actos cuando el vástago del exmandatario no hace mucho que alzó la mano para subirse a las campañas en 2027. Pero ahí no termina la cosa. Resulta que el más pequeño de los hijos de AMLO, Jesús Ernesto, también se colocó en la cima de las tendencias en redes, tras aparecerse en la inauguración en CDMX del exclusivo restaurante del chef turco Nusret Gökçe, conocido como Salt Bae. Ya se imaginará la explosión de comentarios y reproches por aquello de la austeridad.
Nos piden poner atención en los esfuerzos manifiestos de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien —junto con sus compañeros de Gabinete, el titular de la SEP, Mario Delgado, y el director del ISSSTE, Martí Batres— instó a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación —una vez más— a no interrumpir los avances en los foros de concertación dispuestos por el Gobierno federal para dar salida a las demandas del magisterio. La encargada de la política interior del país se dirigió anoche a los maestros, a quienes pidió que nombren representantes para que participen en las dos mesas técnicas propuestas, en las que las autoridades ya han garantizado que se revisarán todos los puntos del pliego petitorio. “Tenemos el compromiso que el diálogo iniciado el día de hoy continuará el día de mañana (este miércoles) a las 10 horas en el mismo lugar”, dijo la secretaria, en un sentido llamado a canalizar energías —que, nos dicen, han sido aprovechadas por provocadores— en la búsqueda de soluciones que respondan a las necesidades de docentes a largo plazo.
Y la que, comentan, ya volteó el reloj de arena en cuenta regresiva es la diputada federal de Morena, Olga Sánchez Cordero, quien anunció ayer —en una entrevista radiofónica— que el 31 de agosto de 2027, cuando concluya su periodo como legisladora, se convertirá oficialmente en una figura dos veces retirada, pues recordemos que la también exsecretaria de Gobernación es ministra en retiro. “Seguramente me dedicaré a hacer conferencias y a un tema estrictamente académico”, explicó la jurista, al compartir que esta decisión es inapelable después de barajarla y consultarla con la almohada. “Me había decidido desde hacía tiempo que ésta era mi última función pública”. Sánchez Cordero, que por cierto ha sido cuestionada por abstenerse —o más bien, no apoyar— algunas legislaciones clave impulsadas por la 4T, agregó que de esto ya tiene conocimiento su líder en San Lázaro, el diputado Ricardo Monreal. “Ya se lo había dicho (…). Le dije: ‘Mira Ricardo, yo me retiro en el 27’. Es una decisión tomada”. De éste dijo que “es mi coordinador, lo respeto, pero estamos teniendo visiones diferenciadas”.
El que, dicen, se está volviendo algo escurridizo o está adquiriendo habilidades de teletransportador es el expresidente Enrique Peña Nieto, que sorprendió a muchos por saltar de una localidad mexiquense hasta el remoto Japón, en menos de una semana. Y no es que eso sea imposible, pero barato no es, además de que no deja de causar extrañeza, y sospechosismo en algunos sectores que reprochan la holgada vida de las élites políticas de este país, estén o no activas. El pasado 27 de mayo, a Peña se le vio posando en un hotel de su natal Edomex, en el destino turístico de Ixtapan de la Sal. En esa ocasión el relacionista público del alojamiento, Jorge Mejía Rivera, lo quemó en las redes al publicar una foto en la que destacaba el tamaño y la altura del huésped. Bueno, seis días después, ayer, una guía de turistas identificada como Paola Alarcón, compartió otra selfie con Peña Nieto, después de encontrárselo en el lobby de un hotel de Kyoto, mientras esperaba a un grupo de viajeros. ¡Qué tal!

¿Se cierra el circuito de la derecha?

