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La autora en una imagen del 8 de junio. Foto: Carlos Olivares Baró. La Razón.

Alma Delia Murillo (Ciudad de México, 1979) se ha declarado “amante irracional de la Ciudad de México”. En su columna Posmodernos y Jodidos se hace evidente un derrame de ‘espeso sentimentalismo romántico’ untado de ironía.  Alma Delia Murillo ríe con la costura de sus ojos: su mirada es un contrapunto en que los estallidos de la reminiscencia emergen en la oscilación de cada parpadeo.

Dos libros en su trayectoria de narradora: Damas de Caza, cuaderno de cuentos inconseguible, y La noche habitada, novela que ya casi alcanza la categoría de ‘libro de culto’. Circula en librerías la novela El niño que fuimos, en que Alma Delia Murillo recrea sus años infantiles en un internado de la Ciudad de México a través de los gestos de tres personajes: Óscar, María y Roman.

Infancia (pasado)  que se arremolina sobre el presente después de 20 años en un reencuentro en que  vínculos sombríos  empañan el espejo  que refleja el triángulo de sus rostros. “¿Seguimos siendo niños? ¿O somos los niños que fuimos? Reencontrarse es doloroso y también sorpresivo. Un reencuentro hace posible repasar la vida de aquellos que de momento vuelven. Lo que yo quería contar era el niño colectivo donde yo crecí: el internado”,  dijo a La Razón,  Alma Delia  Murillo.

¿Novela donde la memoria es un catalizador dramático? La memoria es una gran mentirosa. En esta historia lo iniciático es circular, como una espiral que se extiende en  todas las direcciones. Hay que permitir que la pelota de la infancia rebote sobre uno. Saber que el tiempo pasado ondula en las grietas del presente. Cuando somos niños hacemos un nido y nos acomodamos en él: todo lo que recordamos después, sale de ese nido.

Los personajes están desdibujados: pasado y presente confluyen en un espejo empañado… El narrador emprende una búsqueda de lo que fue, y en el reencuentro predomina la infancia. ¿Somos el niño que fuimos? Hay muchos lazos que desamarrar. Cuando estos amigos  se reencuentran tendrán que buscar respuestas a las circunstancias del presente que los hace virar la cara a los niños que fueron.

Algunas de las obras que ha escrito la autora:

  • Damas de caza
  • Las noches habitadas
Género: Novela. Editorial: Alfaguara, 2018

¿Somos sobrevivientes del niño que fuimos? Tenemos a ese niño agazapado. Las caídas, las heridas físicas, psicológicas y sentimentales nos marcan en la infancia: nos definen. Crecer es sobrevivir. 

¿Oda a la amistad? Sí, a la primera amistad. Esa entrañable relación de los primeros años, de las primeras complicidades, de los primeros abrazos.

¿Novela autobiográfica o vivencial? Vivencial. Viví algunos de esos episodios; pero, no es la historia de mi vida. Somos circunstancias más que todo.

Se aprecia a un narrador quebrantado por los recuerdos… Escribir esta novela fue luminoso: recordar ese espacio donde congenié con 60 niños. Allí jugué, me peleé, amé, lloré, abrace, besé: en fin, viví.

El niño que fuimos

Lunes 11 de septiembre
de 1989, México,
Distrito Federal.

Esas eran las coordenadas de la identidad. Un día, un mes, un año, una ciudad como pocas.

El manchón blanco en la pizarra dejaba ya un fondo brumoso bajo las letras.

Todos los profesores del internado seguían el mismo protocolo con el pizarrón. Cada mañana borraban el día para escribir encima el nuevo dato hasta que se hacía necesario cambiar también el mes y, entonces sí, limpiaban la línea completa con un lienzo húmedo y lo escribían todo con letras nuevas. Pero mientras el mes fuera el mismo, se mantenía una marca blancuzca en la pizarra de tanto reescribir sobre la misma superficie.

Sólo Román reparaba en esos detalles; le gustaban los objetos, su estética, su orden natural o artificial, le gustaba la limpieza en el entorno y adoraba la simetría en la disposición de las cosas porque le hacía sentirse tranquilo. Concentrado en apreciar la caligrafía de la maestra de Español, sintió un piquetazo en el costado derecho. María le pasó un papelito arrugado con un mensaje de Óscar.

“En la noche vamos a la biblioteca.”

Román sonrió. Eso sólo podía significar que su amigo estaba de mejor ánimo, que volverían los tres a las aventuras de antes, a leer alguna historia fascinante para luego escapar del internado unos minutos; podrían respirar la noche parados en la banqueta y saludar a Trapo, el perro callejero que a veces los seguía, y jugar un rato con él. Desobedecer las reglas juntos […]”.

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró

Carlos Olivares Baró es columnista fundador de La Razón. Ha publicado la novela La Orfandad del Esplendor y el libro de textos periodísticos Un Sintagma por Aquí, un Estribillo por Allá. Profesor universitario y conferencista de música y literatura en varias instituciones culturales de México. Sus textos han aparecido en publicaciones de España, Cuba, Puerto Rico y México. Publica en este diario semanalmente las columnas de reseñas y comentarios de discos y libros, El Convite y Las Claves.
Carlos Olivares Baró

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