Subsecretaría de Bienestar del Alma

TEATRO DE SOMBRAS

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El próximo gobierno se ha echado una pesada carga encima: hacer felices a los mexicanos. La Secretaría de Desarrollo Social ahora se llamará Secretaría de Bienestar y, por lo que se alcanza a ver, su enfoque será holístico, es decir, se ocupará de todas las dimensiones del ser humano de manera integral.

Ya lo dijo el nazareno: “No sólo de pan vive el hombre”. Por eso mismo, el nuevo gobierno se ocupará del bienestar del cuerpo y también del alma. La administración venidera no se conforma con garantizar que los ciudadanos tengan los niveles indispensables de alimentación, educación, salud, techo y sustento, sino que además buscará que purifiquen su alma. No sería descabellado suponer que dentro de la Secretaría de Bienestar se abriera una Subsecretaría de Bienestar Espíritual. ¿Será ése el puesto al que aspira Alejandro Solalinde?

El plan maestro para que los mexicanos alcancen el bienestar del alma es que lleven una vida moral. No quiero ser aguafiestas, pero uno de los grandes problemas de la filosofía es que no hay garantía de que una vida moral sea una vida feliz —no, por lo menos aquí, en la Tierra—. Tal parece, sin embargo, que el nuevo gobierno no se ha metido en esas honduras.

Nuestro próximo Presidente, el Lic. Andrés Manuel López Obrador, ha anunciado recientemente que hay un equipo de especialistas —no sabemos quiénes son— que trabaja en el anteproyecto de una Constitución moral que se pondrá a la consideración —no sabemos de qué manera— de la sociedad.

México ya tiene una Constitución Política, pero ahora tendrá una Constitución moral. ¿Qué relación habrá entre ambas? ¿Serán independientes? ¿Estará una por encima de la otra?

El uso del término “constitución” dentro del campo de la moral genera muchos problemas. Una constitución es un pacto que da unidad normativa a una comunidad. Por ejemplo, la de Querétaro —o lo que queda de ella— debe ser acatada por todos los mexicanos sin excusas. Surge entonces la pregunta de si la Constitución moral será otro pacto equivalente.

Si seguimos jalando el hilo de este razonamiento encontramos interrogantes más inquietantes: ¿Quién se ocupará de hacer cumplir la Constitución moral? ¿Habrá tribunales morales? ¿Habrá policías morales?

Quizá hubiera sido preferible que en vez de proponer una Constitución moral se hablara de una cartilla moral, como hace seis años. Pero entiendo que una humilde cartilla no puede ser la base de una ambiciosa campaña para el bienestar del alma.

La política y la moral van juntas. Divorciarlas es un peligro. La pregunta es cómo combinarlas. ¿Es el Estado responsable de la moralidad de la sociedad? ¿O es la sociedad responsable de la moralidad del Estado? Durante su larguísima campaña electoral, el Lic. Andrés Manuel López Obrador sostuvo que tocaba a la sociedad moralizar al gobierno, pero ahora parece sugerir que le corresponde al gobierno moralizar a la sociedad.

Guillermo Hurtado

Guillermo Hurtado

Filósofo, investigador.
Guillermo Hurtado

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