La culpa no es del Bronco, sino del que lo hace compadre

ENTRE COLEGAS

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Seguimos discutiendo las consecuencias políticas de la inefable sentencia de la Sala Superior del Tribunal Electoral que ordenó al INE subir a Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, a la boleta presidencial. Algunos comentarios al respecto.

Todos pierden. Por definición, impartir justicia implica decidir entre dos posturas confrontadas, dando al final la razón a una de ellas, en detrimento de la contraparte. Pero para el caso que nos ocupa, lo que hizo el tribunal fue más bien parecido a haber girado la pirinola y que cayera la cara de “todos pierden” o “todos ponen”. Rodríguez Calderón llegará a boleta —si una acción de la FEPADE derivada de la denuncia interpuesta por el INE no dispone lo contario, cosa que se ve en extremo improbable— con la sensación de que una escuálida mayoría de cuatro magistrados (apenas un voto de diferencia) lo colocó ahí.

Flaco favor. Rodríguez Calderón llega a la boleta con una legitimidad abollada de origen. No aparece ante la opinión pública con la sensación de la reparación de un acto injusto, sino con la percepción de que, a pesar de todas las irregularidades detectadas, se salió con la suya. Ahí están detalladas todas las variantes de apoyos inválidos: simulaciones, duplicados, fotocopias, firmas de personas fallecidas, fuera del padrón, datos de electores verdaderos en formatos de credenciales falsos, empleo de identificaciones distintas a la credencial electoral y así, una larga sucesión de conductas, las más de ellas tramposas, que demuestran el dolo con el que se trató de pasar por encima de la autoridad electoral. No se trata, pues, de la reparación de un daño, sino de un premio al abuso y a la impunidad.
La decisión tiene consecuencias importantes: contamina el proceso electoral (ya de por sí densamente cargado de una polarización extrema); genera un desencuentro más, y uno grave, entre el INE y el tribunal (no puede dejar de señalarse lo completamente innecesarias y falsas que fueron las expresiones de los magistrados en el sentido de que el INE había hecho una revisión “desaseada”); y, más aún, desacredita el espíritu de lo que Rodríguez Calderón dice defender: la agenda independiente.
Con su actuar, El Bronco y el tribunal han puesto en evidencia que en este país, cuando la legalidad nos es adversa, todo se vale con tal de cumplir el propósito; inclusive caer en las mismas prácticas deleznables que tanto les critican los independientes a los partidos políticos. Esto, por supuesto, con las honrosas excepciones de algunos independientes que llegaron a las candidaturas sin acudir a la trampa generalizada, como Pedro Kumamoto en Jalisco, Manuel Clouthier en Sinaloa, o Roberto Castillo en la Ciudad de México, por citar sólo algunos casos.
La decisión pega en el corazón de la credibilidad del Tribunal Electoral, que será el encargado de calificar y validar la elección presidencial. Pone muy fea la cosa, pues. Vaya manera de complicarse y complicarnos a todos, en la antesala de un momento crucial para la vida democrática del país. Todo mal, todo mal, todo mal.

Horacio Vives Segl

Horacio Vives Segl

Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, Argentina). Profesor y director del Centro de Estudios Alonso Lujambio en el Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de diversos libros y artículos sobre elecciones, política latinoamericana y política mexicana, publicados en medios académicos y de divulgación en México y en el extranjero. Analista político.
Horacio Vives Segl

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