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Hoy se celebra el llamado Día de Reyes y se parte la rosca del mismo nombre (que es un pan seco, con frutas ídem que la adornan, en forma de plaza de toros o de hipódromo y cuyas entrañas albergan uno o varios muñequitos de plástico que representan a un “niño dios”, que en su momento visitaron Melchor, Gaspar y Baltasar en Nazaret, y que le llevaron de regalo oro, incienso y mirra, y nada de comida: en eso se hicieron rosca). Se empiezan a vender y a consumir a partir del 3 de noviembre, fecha en la que deja de producirse el pan de muertos, que se encuentra en las panaderías poco después del grito de la Independencia, celebración nacional que no tiene un pan que la represente, hasta ahora, y que bien podría tener la forma de un ángel, una campana o una bandera. Cuestión de que los panaderos se pongan de acuerdo para inventar nuevas tradiciones.

La ceremonia de la rosca contiene un castigo o un premio, como se le quiera ver: quien parta su trozo y tenga la gracia o desgracia de que ese niño de plástico le toque en suerte estar en su rebanada deberá invitar a los demás a comer tamales el día dos de febrero, fecha en la que se celebra a la virgen de la Candelaria, que nada tiene que ver con los reyes de Oriente ni con los tamales y que según Wikipedia tiene raíces prehispánicas (¿te cae?). Como bien lo diría Woody Allen: “No solamente Dios no existe, sino que consíguete un tamal el dos de febrero si no lo hiciste con tus propias manos o lo encargaste con anticipación”. Viene ahora al cuento la cuestión llamada tamal. Los hay de todo tipo: desde los que se anuncian en las calles de la capital como “los ricos tamales oaxaqueños”, que son una masa de maíz con cinco o seis hebritas de pollo y un poco de salsa, hasta algunos más sofisticados de huitlacoche o ratatouille u otros metidos en una telera. Esa misma virgen de la Candelaria da pie a otra gran celebración en Tlacotalpan, Veracruz, y dura de las tres de la tarde del 31 de enero a las últimas horas del 9 de febrero, y en vez de festejarla con panes o tamales se hace con arroz a la tumbada, harto alcohol y música de jaranas.

 

Otra gran celebración en Tlacotalpan, Veracruz, dura de las tres de la tarde del 31de enero a las últimas horas del 9 de febrero.

 

El siguiente día obsequioso del calendario es el 14 de febrero, día de San Valentín o día del amor y la amistad, aunque en otras partes del mundo se lleva a cabo en distintas fechas (en Colombia cambió a septiembre porque era un mes flojo para los comerciantes; mismo motivo por lo que en México se estableció el 16 de marzo como día de los compadres, negocio que no prosperó). Ni panaderos ni tamaleros, ese día quienes hacen su agosto son los floristas, chocolateros, restauranteros, globeros y otros —eros y hasta Eros. El intercambio de regalos incluso puede darse en parejas que no sólo no se aman sino que se detestan y por lo general tienen forma de corazón.

Entre el último día de abril y el tercer domingo de junio se festeja a casi toda la humanidad que reside en nuestro país con los días del niño, el albañil, los trabajadores, la madre, el maestro, el estudiante, el contador público, los marinos y el padre. En la mayoría de los casos, regalos van, regalos vienen, y en términos de macroeconomía se reactiva el mercado y muchos empresarios hacen sus días gracias a los días. Les falta un poco de imaginación para llenar aún más sus arcas con billetes: ¿por qué no inventarse un día del patrón en el que todos sus empleados correspondan sus gentilezas con un presente? Mi padre laboró en una secretaría de Estado: su jefe, el ministro, debía recibir íntegro el primer mes de salario y cada que era su cumpleaños requería un regalo especial de todos sus allegados. Era su autodía.

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