• Tamaño de fuente: A  A  A  A  

El secretario de Salud, José Narro, tiene siempre presente una máxima del médico y político alemán Rudolf Virchow —que le escuchaba repetir a una de las eminencias médicas del país con las que ha compartido trinchera, Jesús Kumate—: “la política, en mucho, no es otra cosa que medicina a gran escala”.

El médico poblacional, cuyo nombre es recurrentemente incluido en estos días en las listas de los presidenciables del PRI, habla pausadamente como si estuviera midiendo la dosis de intencionalidad de sus palabras.

En entrevista con La Razón, Narro Robles emprende una defensa de las reformas logradas en la administración del Presidente Enrique Peña y advierte al preguntársele sobre los dos proyectos que se encaminan a la contienda del año entrante que “los pasos hacia atrás no son lo más recomendable, complican el avance y el futuro”.

“Lo que necesita la sociedad es certidumbre y el mensaje de darle marcha atrás a las reformas sería francamente en la dirección equivocada”, expresa en el salón donde se realiza la charla, en cuyo costado oriente cuelga el cuadro del Ejecutivo.

Se refiere también a las banderas y gobiernos populistas y advierte que la historia reciente del mundo enseña que “no es la vía para combatir los problemas y todavía menos para evitar el enfrentamiento de los grupos en las sociedades”.

Sobre el PRI, insignia de cuya baraja forma parte, señala que es un partido “muy vivo y con fuerza. Incluso intercede por él cuando se le pregunta sobre el desprestigio que actualmente carga y que le ha acarreado derrotas en elecciones locales: “no hay vencedores permanentes, ni derrotados únicos, eso no se da en una contienda ni deportiva y menos en una contienda política”.

El exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México aprovecha la primera oportunidad para aclarar que, aunque es mencionado como uno de los que podrían tener potencialmente participación en el proceso interno del PRI, “yo mismo no he tomado una decisión; habré de hacer una consideración cuando conozca los términos de referencia”.

45 Por ciento mejoró el acceso de la población a la salud en 6 años

¿Qué está en juego en el 2018? A mí me encantaría que en el próximo proceso electoral, más que los adjetivos, prevalezcan las propuestas, o sea el verbo y el sustantivo. Que la ciudadanía tenga un papel protagónico, informado, reflexionado.

Tengo la convicción de que México cuenta con las condiciones como para poder emprender una nueva etapa como parte de la normalidad democrática en donde consolidemos lo mucho que se ha avanzado, porque México ha avanzado, y sustancialmente, particularmente en estos ya casi cinco años de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.
Ahí está el informe que rindió el señor Presidente al Congreso, y ahí están muchos indicadores que dan cuenta de lo que México ha ido progresando en estos últimos años.

Ése es un gran activo que la sociedad tiene que considerar y que, estoy plenamente convencido, responsablemente tenemos que cuidar. Ahí hay 13 reformas de gran calado, la mayor parte de ellas que requirieron un cambio en la Constitución. Y que al país le ha dado la posibilidad de ver hacia adelante de una manera más segura, con mayor certidumbre, firmeza y posibilidades. A mí eso es lo que me gustaría que pasara en el próximo proceso.

“Lo que necesita la sociedad es certidumbre y el mensaje de darle marcha atrás a las reformas sería francamente en la dirección equivocada”

Empezamos a ver que son dos alternativas: una con esta vocación reformista, pero hay otra que plantea un viraje y, en muchos sentidos, echar para atrás esas reformas. En la historia los pasos hacia atrás no son lo más recomendable. Los pasos hacia atrás complican el avance y el futuro. Desconocen lo realizado. Yo me planteo: ¿México requiere de profundizar o de echar para atrás la reforma educativa? Y lo digo con absoluta contundencia: México requiere profundizarla, darle continuidad, consolidar lo que se ha alcanzado, seguir trabajando con las estructuras magisteriales.

Los maestros de México en su inmensa mayoría hacen una gran tarea todos los días del calendario escolar.

Yo soy profesor en el nivel de educación superior, yo sé lo que vale la reforma educativa, y echarla para atrás sería un grave error, sería francamente para mí impensable.

Echar para atrás reformas que tienen qué ver con la posibilidad de generar empleo en este país sería una fórmula equivocada sin duda alguna. Lo que haría es que se pierda confianza en el rumbo del país. Por algo las principales fuerzas políticas de México tuvieron el acuerdo, y ésa no fue una decisión unipersonal.

Fue una iniciativa del Presidente, pero fue un trabajo conjunto de las principales fuerzas del país representadas en el Congreso, y en el que también participaron, en la socialización de los acuerdos, otros sectores de la sociedad.

Narro
José Narro y Adrian Castillo, subdirector general de La Razón. (Foto: Luis de la Fuente)

Yo creo que lo que necesita la sociedad es certidumbre. Yo creo que el mensaje de darle marcha atrás a las reformas sería francamente en la dirección equivocada, sería generar incertidumbre hacia el interior y hacia el exterior del país. Y en el mundo en el que vivimos ése es un mensaje equivocado.

Si no estuvieran funcionando, si fueran en una dirección inconveniente, si profundizaran las diferencias, si no ayudaran a combatir la pobreza y la desigualdad, si los resultados del empleo, del crecimiento económico, de la productividad apuntaran en una dirección contraria, a lo mejor alguien podría tener algún argumento, pero eso no es lo que está sucediendo.

¿Por qué a pesar de los indicadores positivos está colándose el discurso populista? Uno: porque a veces, es mi opinión, hemos tenido una capacidad limitada para informar, para transmitir, para valorar. Y dos: porque es temprano en el proceso, porque son los primeros resultados, porque se trata de procesos de mediano y largo plazos en muchos de los casos. Porque tal vez a la sociedad le gustaría tener resultados más cercanos y más tempranos, y porque tenemos que hacer todavía muchas cosas, eso también es verdad, tenemos asuntos y problemas que nos han acompañado a lo largo de nuestra historia.

Problemas tan duros, tan sentidos, tan complejos como la pobreza o como la desigualdad, sólo por poner un par de ejemplos, que no son producto del siglo XXI ni del XX ni del XIX, son temas que han estado presentes en la evolución de nuestro país desde hace muchos siglos

Pero hay que decirlo con toda claridad, las expectativas de la población son distintas, son superiores a las que había hace 20, 40 o 60 años; hoy los niveles de educación, de información, el conocimiento de la realidad son diferentes a lo que se tenía hace algunos años.

Aquí la percepción cuenta, pero también los hechos y las realidades, y estoy convencido de que lo que se impone es la realidad. ¿Cómo hacer para no darle el valor que tiene el hecho de que en mi campo, mientras en 2010 había poco más de 29 por ciento de la población tenía carencia de acceso a la salud, para 2016 fue de 15.5 por ciento, una mejoría de más de 45 por ciento? ¿Cómo podemos negar esa condición?

¿Cuál es su opinión sobre estas corrientes y personajes que enarbolan banderas populistas y del populismo en general? Cuando uno revisa las experiencias del mundo se da cuenta de que en las acciones de gobierno no sólo cuentan los buenos deseos. No se puede gobernar sólo con base en una intencionalidad. Lo que al final cuenta son los resultados. Lo que la historia reciente del mundo nos enseña es que no es la vía para combatir los problemas y menos para evitar el enfrentamiento de los grupos en las sociedades.

Una de las consecuencias gravísimas que tienen estas actitudes, estas acciones, estos gobiernos de corte populista es que al final se lastima a las sociedades en toda su dimensión: en lo económico, en lo social y en lo político, pero, peor todavía, se lastiman las sociedades porque se generan fracturas, divisiones muy graves, enfrentamientos.

Así que no pueden ser ni la fantasía ni el enfrentamiento lo que rinda buenos resultados. Conviene ilusionarse, soñar, pensar en que las cosas pueden ser mejores, sí, eso es cierto, pero en la acción de gobierno lo que tiene que haber son programas, proyectos, actividades que busquen convertir ese ideal, ese sueño, en parte de la realidad. Pensar que las cosas se pueden resolver sólo con un voluntarismo a toda costa no es en mi opinión una buena fórmula.

16 Puntos creció la cobertura en educación media superior

El PRI es su partido. Ha dicho que cree que será el ganador en 2018, sin embargo éste tiene una carga muy fuerte de desprestigio que le ha provocado derrotas importantes en los dos últimos procesos electorales locales. Hay un señalado antipriismo. Y eventualmente si usted fuera el candidato le va a tocar andar en ese carro. Mire, el PRI es un partido muy vivo, muy presente. Así es la vida política, la vida electoral. Es como muchas otras cosas en la vida en donde se compite: se gana y se pierde, y no hay vencedores permanentes, ni derrotados únicos. Eso no se da en una contienda ni deportiva y menos en una contienda política. Sí hay resultados adversos, pero hay muchos otros favorables. Y ésa es la democracia, es competencia. Y México en los últimos años, en las últimas décadas, la ha vivido con mayor intensidad, y la democracia es la mejor fórmula que el ser humano ha encontrado para poder dilucidar, por ejemplo, cambios en las estructuras de gobierno, y a quién le toca gobernar.

Una de las cosas que yo subrayo cuando hablo de la grandeza del país, es la capacidad que ha tenido para respetar su marco jurídico, su orden constitucional, para hacer los cambios de gobierno, incluso alternancias, en todos los niveles, en el Ejecutivo Federal, en el estatal y también en el municipal.

Yo no me asumo como usted me lo quiere poner ahorita, porque todavía no es momento y porque, ya le dije, yo mismo en mi fuero interno no he tomado una determinación. Reconozco y agradezco las menciones que se me hacen, los señalamientos, y estoy atento a las cosas que se dicen de mí y me llenan de orgullo y a las cosas que me preocupo de efectivamente corregir y enmendar cuando se hacen señalamientos.

Al final lo que deseo y espero es que dentro de los partidos políticos se trabaje, buscando la armonía de sus corrientes, de sus principios, y se procesen las decisiones de partido, incluido al que yo pertenezco, y que quien sea el responsable de participar en una contienda electoral presidencial lo haga con la mayor altura.

El PRI ha sabido asimilar sus derrotas, reconocer sus errores, hacer las transformaciones del caso y volver a competir y a salir adelante y a estar permanentemente en ese proceso.
México es un gran país y al final el gran tema es ése: cómo conseguimos a través de mecanismos democráticos, que con la política en medio de todo, podamos seguir haciendo y construyendo la grandeza de México; cómo hacemos para que más mexicanos tengan en la vida real el cumplimiento de todos sus derechos, que no se tengan privilegios para unos cuantos, sino derechos exigibles, cumplibles para todos; cómo conseguimos que tengamos más educación, más salud, que seamos más productivos, que tengamos más empleo, más seguridad social.

Ese tiene que ser el gran propósito y en la Asamblea reciente del PRI ésos fueron precisamente los elementos. Creo que el PRI tiene una fuerza que puede presentar a la sociedad y que con base en lo que se ha conseguido a lo largo de muchos años, y en particular con las bases del proceso de reformas de fondo, de gran calado, encabezadas por el Presidente Enrique Peña Nieto, se va a poder seguir construyendo la grandeza del país.

Parte de su ideario político viene, lo ha señalado usted, de Colosio. Yo he tenido la fortuna de haber conocido a Luis Donaldo Colosio, de haber hecho con él una relación que fue primero de trabajo y después de amistad, que no puedo presumir de una gran longevidad porque yo soy uno de los que lamentaron y siguen lamentando el asesinato de un personaje de esta calidad política, con ese compromiso social, esa convicción, esa capacidad de convocatoria, ese liderazgo. Sí, parte de mi reflexión política, de mi formación política la viví con Luis Donaldo, pero no nada más: también he tenido la suerte de estar cerca de políticos, intelectuales, profesionales que me han dado mucho más de lo que yo les pude haber aportado.

Desde maestros extraordinarios como los que tuve en la Facultad de Medicina: el doctor José Laguna García, el doctor Rodríguez Domínguez, personajes en el área médica muy cercanos a mi formación y que influyeron muchísimo en mi vida, o de personajes dentro de la propia administración pública en el área de la salud con las que he sentido permanentemente una gran identidad, algunos vivos: el doctor Guillermo Soberón, el doctor Jesús Kumate; algunos ya fallecidos: el doctor Ramón de la Fuente, el doctor Bernardo Sepúlveda, el doctor Ignacio Chávez, el doctor Salvador Zubirán, ahí tomé una gran enseñanza.

He tenido la fortuna de tener colaboradores maravillosos, y de tener jefes extraordinarios, y amigos fantásticos que me han dado muchísimo. Tuve la fortuna de trabajar muy cerca de abogados extraordinarios de gente como Jorge Carpizo, de José Francisco Ruiz Massieu, a quien también le cortaron la vida absurdamente, de manera inexplicable.
Les debo mucho de lo que yo soy, por supuesto a la educación pública de México, a la UNAM, a mi propia familia, a mis padres, mis hermanos, en fin.

¿Cuáles son los grandes retos que percibe usted en el área de la salud, a estas alturas de la administración? La salud no es todo, pero sin salud no hay casi nada. Lo vemos cuando en lo individual tenemos un problema de salud, lo vemos en lo colectivo, en lo social, en lo poblacional: países sanos, sociedades sanas son mejores para producir, trabajar, crear, innovar, transformar, que sociedades que tienen malos indicadores de esta índole.

México ha avanzado mucho en salud, no hay forma de negar eso. Si comparamos los indicadores de hoy en día con los que teníamos hace cinco años estamos mejor hoy.
Si los comparamos con lo que había hace 17 años, al arranque de este siglo, estamos mejor. Si lo comparamos con lo que pasaba con la generación a la que yo pertenezco cuando yo nací en 1948, no hay punto de comparación, estamos mucho mejor.

Hemos vencido problemas, generado infraestructura, formado recursos humanos extraordinarios, avanzado en conocimiento médico y de salud; hemos hecho como sociedad cosas muy importantes.

Pero hay pendientes: vencimos mayoritariamente las enfermedades transmisibles, que todavía tenemos, eh, y sin embargo aparecen las enfermedades crónicas, tenemos la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la insuficiencia renal, la cerebrovascular, las enfermedades hepáticas… Esta es la historia también de la salud, es la transición que hemos vivido, hay problemas de salud, pero hay la experiencia satisfactoria para la medicina mexicana, en particular para la medicina pública, para salir adelante, para demostrarnos que podemos resolver problemas, que hemos generado políticas que a lo largo de más de 40 años han dado resultados: el caso de la vacunación, la salud reproductiva, la planificación familiar.

Hay cosas fantásticas y desafíos: el compromiso de conseguir que la sociedad participe muy activamente en el cuidado de su propia salud…

A punto de concluir la entrevista, Narro acota: “He tenido la fortuna en razón de la designación de mi persona que hizo el Presidente de México, licenciado Enrique Peña Nieto, de ser el responsable de la articulación de los esfuerzos de la atención a los problemas de salud en mi país, dejo aquí constancia de ese reconocimiento por la oportunidad, por la posibilidad de participar en un gobierno del que he aprendido.

Un gobierno al cual tengo el orgullo de pertenecer y de un Presidente que me ha dejado aprender de muchas cosas: de la política, de la administración pública que me ha permitido conocerlo como ser humano, valorarlo, y reconocerle los valores que tiene”.

El doctor José Narro se retrata así cuando faltan 296 días para las elecciones presidenciales.