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Fuente: obsoletemedia.org

El entrañable elepé cumplió siete décadas el 21 de junio y para festejarlo la British Music Company hizo quinientas copias del primer disco con el que Columbia Records introdujo el formato en 1948. Con toda justicia es el Concierto para Violín en E Menor Op. 64 del músico y compositor alemán Felix Mendelssohn, interpretado por Nathan Milstein y la Orquesta Sinfónica de Nueva York dirigida por Bruno Walter. Su aparición en el mercado se consideró un gran paso para la música grabada, para la industria y el público escucha.

Este era el primer disco de 30.5 cm (doce pulgadas) que giraba más lento, a una velocidad de 33 1/3 de revoluciones por minuto (rpm). La idea del formato era grabar piezas musicales más allá de los tres minutos por lado, una nueva forma de escuchar la música. Gracias a la inquietud de Edward Wallerstein, presidente de Columbia Records, fue posible grabar desde veinte minutos hasta una hora por lado. Quería que los oyentes disfrutaran un movimiento sinfónico entero en cada lado y en 1941 armó un equipo de ingenieros de sonido encabezados por Peter Goldmark en los laboratorios de CBS. Una Guerra Mundial después, el LP se impuso y permaneció como el formato estándar.

Hoy goza de cabal salud entre coleccionistas y nuevos aficionados a la fidelidad del sonido.

Pero antes del disco de larga duración hubo una sinfonía de inventos y eventos sin los cuales hubiera sido imposible hacerlo girar, como el fonoautógrafo de Leon Scott en 1857, que funcionaba con cilindros de cartón; el fonógrafo de Thomas Alva Edison, con cilindros de cera, en 1877; el gramófono de Emile Berliner, que empezó a usar discos de zinc en 1887; los discos de dos lados en 1904; la primera bocina magnavox de Edwin Pridham y Peter Jensen en 1925; los discos de 78 rpm en 1924, las primeras juke-box  o rockolas en 1927; los discos de vinil de 33 rpm que fabricó RCA Victor en 1931, hasta el septuagenario modelo que nos ocupa. Después aparecieron los discos de 18 cm, singles o 45s que causaron furor en los cincuenta y los sesenta.

El vinilo LP fue el rey hasta que Philips y Sony lanzaron el disco compacto en 1985; entonces su majestad empezó a decaer. Pero ya que somos seres sensoriales, dados al rescate nostálgico y a la moda del redescubrimiento hipster, hoy goza de cabal salud entre coleccionistas y nuevos aficionados a la fidelidad del sonido. Lo prefieren por el ritual de buscarlo, adquirirlo, abrirlo, olerlo, tocarlo y escucharlo con un sonido más cálido mientras se disfrutan los interiores, el arte, las fotos, las notas, las letras. En 2017 la British Phonographic Industry reportó ventas por más de 4.1 millones de vinilos en formatos de 7, 10 y 12 pulgadas con sus variantes de capacidad, tiempo y velocidad. Esta historia y más puede leerse en Casi todo lo que sé acerca del vinil (Mil Voces/Marvin) del coleccionista Mauricio Esparza Oteo de Icaza. Como decía la leyenda inscrita en nuestros vinilos favoritos y que justificaba todo desembolso: “El disco es cultura”.

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