A un siglo de la Gran Guerra

HOY Y MAÑANA EN AMÉRICA DEL NORTE

En 2018 se cumple un siglo del final de la Primera Guerra Mundial. La fecha se presta para recordar algunos de sus protagonistas, como Woodrow Wilson, cuya vida facilita el entendimiento de la coyuntura política actual.

Desde que Wilson publicó su artículo The Study of Administration en 1887, la administración pública se erigió como una disciplina demandante de solvencia técnica y profesionales altamente capacitados. Wilson, quien fuera Presidente de la Universidad de Princeton, gobernador de Nueva Jersey y presidente de Estados Unidos, es recordado como uno de los pioneros de la escuela idealista en las relaciones internacionales, al haber presentado los catorce puntos en respuesta a la Primera Guerra Mundial.

Uno de los legados más valiosos de Wilson es la conciencia pública de que la actividad gubernamental no debe estar desligada de la técnica. Resulta imprescindible destacarlo en una época donde el populismo cuestiona todos los días el valor de las estadísticas y el prestigio de los expertos. No cedamos a la tentación de la simplificación.

Con todo, es preciso señalar que numerosos historiadores criticaron el idealismo de Woodrow Wilson. Muchos intelectuales, entre ellos Keynes o el mismísimo Sigmund Freud protestaron decepcionados por la ingenuidad wilsoniana al suponer que bastaba con profesionalismo técnico para gobernar y mediar en las disputas políticas. La candidez gubernamental suele desembocar en desastre. Los catorce puntos de Wilson, por más que los preparó un grupo de expertos eminentes, no lograron evitar (hay quien dice que son corresponsables de) la Segunda Guerra Mundial. 

En una democracia moderna no se gobierna con recetarios técnicos, sino mediante la negociación, la persuasión, y si se hacen bien las cosas, el convencimiento popular. Empecé hablando de un presidente de Estados Unidos y quiero terminar recordando un presidente mexicano, si bien de otra época. Don Adolfo Ruiz Cortines era un apasionado de la estadística, y a ella dedicó muchos años de su vida profesional. Fue un administrador escrupuloso del presupuesto público, de integridad intachable. “Cuentachiles” decían sus colaboradores. Ruiz Cortines estaba convencido de la utilidad de los datos duros para construir gobiernos más eficaces. No obstante, el pueblo de México lo recuerda como el más astuto y sagaz de sus políticos en el siglo XX. Jesús Reyes Heroles lo llamaba “mi maestro”. 

Pues bien, don Adolfo Ruíz Cortines insistía siempre, según su biógrafo. Juan José Rodríguez Prats, en que para gobernar era indispensable lo que él llamaba “el modito”. “El modito” era una combinación afortunada del don de gentes para convencer a los mexicanos y a su propio partido de apoyarlo, así como el don de mando para ejercer el liderazgo. En pocas palabras, oficio político. Vale la pena tenerlo presente en el mundo contemporáneo.

Raudel Ávila
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