Arcangelo Constantini
“Intento hacer una ficción científica”

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No sabemos si Arcangelo Constantini es en realidad un artista creando a través de la ciencia, o un investigador que usa el arte para explicar la vida. Entrar al mundo creativo de Arcangelo Constantini es como entrar al universo de la ciencia ficción. Nació en México, en 1970, y es fundador de la producción de Arte y Tecnología y del Net.Art en México. Su trabajo se caracteriza por una profunda investigación científica de los medios web y de la naturaleza a través de la tecnología. Fue curador de nuevos medios del Museo Tamayo Arte Contemporáneo y del proyecto 1/4, así como de la Bienal de Arte Electrónico “Transitio MX”. Entre los temas que aborda en sus piezas se encuentran el agua, el sonido, el hacking, los transgénicos y el arte elaborado ex profeso para la web. Entre sus obras y proyectos podemos mencionar Nanodrizas, unos unos y unos ceros, Bakteria, Atari-Noise y Campo de surcos.

Arcangelo ha expuesto su trabajo en festivales y muestras de arte electrónico de Canadá, Corea, Cuba, Italia, Alemania, Argentina, Holanda, Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y Australia, entre otros. Es uno de los artistas contemporáneos más interesantes, y concibe el arte como una exploración de la vida a través de los desarrollos tecnológicos: “El arte es la construcción de hipótesis, es lo que me atrae, el poder hablar y hacer uso de ciertos sistemas. El arte, sí, es rígido, pero te da cierta libertad para doblar la rigidez”.



¿Por qué abordar el arte o la vida desde la tecnología?

Soy autodidacta. Siempre quise estudiar arte pero me interesaba mucho el vínculo con el uso de la
tecnología. En México no había
la escuela, la Esmeralda no tenía estas aproximaciones. Viajé a Europa, desde entonces ya tenía intereses en la música, de experimentación con el sonido, y elegí la carrera de diseño, pero al final decidí no terminarla porque no era la educación que quería. Empecé a usar computadoras, de las primeras que salieron, y a hacer animación para un colectivo en México a finales de los
años ochenta y principios de
los noventa. Trabajé en televisión con diseño broadcast e hice carrera, pero no era lo que yo buscaba. Fue cuando empecé a trabajar y experimentar con internet. La red me permitió experimentar con todas estas necesidades que tenía de expresión y de autoría. Desde que empecé a trabajar y desarrollar arte con tecnología, comencé a mirar los procesos de mi vida a través de ella, a plantear hipótesis para tratar de entender significados de cosas que pasan por mi mente y utilicé esos medios para expresarme. Leía mucha ciencia ficción. Intento hacer algo como ficción científica; como una ciencia ficción objetual, una ciencia ficción que construye máquinas para generar hipótesis especulativas.

¿Qué fue lo primero que querías comprobar con el arte?

La percepción, el entorno y la realidad. Cuando empecé a trabajar con los medios digitales tenía interés en la simulación, el engaño, la imagen en movimiento y la inmediatez. El arte busca en gran medida la inmersión del “usuario”, desde la pintura de gran formato que diluye los límites de la realidad. De pronto estás inmerso en la obra. Muchos de los artistas ahora, a través de la instalación, buscan compartir experiencias, sean fantásticas, sobrenaturales, etcétera. Yo he intentado explorar en el arte digital lo que llamo el concreto onírico digital; trabajo mucho sobre la idea de la obsolescencia, la decadencia, la entropía, y cómo la materia está en constante transformación, y éste es un espacio concreto que tiene sus leyes físicas que rigen el electromagnetismo, la gravedad. Por ejemplo, entrar a la red es como entrar en un sueño, porque es un mundo creado, que no existe, es la representación de la realidad. Net.Art y Bakteria tienen que ver con esa exploración. Fui curador en el Museo Tamayo y ahí tuve el proyecto Inmerso, con planteamientos desde y para los medios audiovisuales y tecnológicos. Inmerso busca mostrar que los medios tecnológicos completan una emoción.

El agua como elemento de la existencia es uno de los temas que hoy te interesan para tus instalaciones.

Así es. Esta pieza que tengo en mi estudio, Acqua Planetarium (una instalación que conecta dos esferas de cristal), habla sobre los primeros planetas que se están descubriendo y que tienen posibilidad de vida. En específico del planeta Keppler 22E, que está a 500 años luz y se dice que tiene posibilidad de vida como en la Tierra. Tengo una investigación muy precisa del agua, la molécula, la energía y el calentamiento global y así desarrollé esta pieza.

Bakteria, que aún continúa, es uno de tus primeros proyectos.

Es un proyecto que comencé hace veinte años y creo que nunca lo voy a terminar. Habla sobre la infinitud de estos organismos. Es un experimento de dibujo automático que llamo morfogénesis espontánea, con la idea que tenían en la filosofía de que había posibilidad de generación espontánea de la vida y surgía de la nada; después vinieron hipótesis nuevas de la evolución. Con Bakteria la idea es que en el cuerpo existen más bacterias con su propio ADN que células del cuerpo humano.

¿Y los tatuajes?

Estoy empezando a crearlos y forman parte de Bakteria. Hago un catálogo especial de bacterias, son únicas y las plasmo como formas únicas en cada individuo.

¿Cuáles son los proyectos que estás llevando a cabo en este momento?

Estoy enfocado en Bakteria y Aqua Planetarium, pero también estoy haciendo una pieza que nos comisionó tv unam sobre el espectro electromagnético, en la que “espectro” se refiere a lo que es visible e invisible, lo que conocemos y desconocemos, los fantasmas y la fantasmagoría. La pieza descubre todo eso a través de tecnología obsoleta. La televisora nos abrió las puertas para recuperar equipos que ya iban a desechar, y de ahí recuperamos monitores.

¿Necesita el espectador tener información antes de llegar a tu obra o sólo depende de su interpretación?

Hay información que todos tenemos, pero es importante para mí que se lean los textos en las salas de museos, que haya una contextualización de hacia dónde va el experimento o la experiencia. Que el arte hable por sí solo…, no…, en otras cosas sí funciona.

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