Brasil: segunda vuelta

FRENTE AL VÉRTIGO

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Los Braganza de Portugal cruzaron el Atlántico –huyendo de Napoleón– para establecerse en Brasil, en 1808. A partir de ese momento, la historia política brasileña ha sido convulsa. Catorce años después se declaró la independencia de Portugal; seis años después se abolió la esclavitud; un año después se derrocó al imperio y empieza, en 1889, lo que se conoce como la República Vieja.

A este periodo oligárquico que marcó la polarización política de Brasil le siguió, en 1930, el golpe militar que trajo al poder al presidente Getulio Vargas, padre del Estado Nuovo y del periodo de modernización brasileño, quien termina suicidándose al no poder resistir la brutal presión que le infringieron sus adversarios.

Le siguió el fundador de Brasilia, Juscelino Kubitschek, quien implementó el modelo de sustitución de importaciones. Posteriormente, Brasil vive años caóticos; en 1964 se instaura una dictadura militar que duraría 21 años, en donde se alternaron los dictadores Castelo Branco, Costa e Silva, Garrastazu Médici, Geisel y Figueiredo.

A pesar de ser un líder civil, Getulio Vargas fue una figura apoyada por los militares, por lo que la llegada de la junta no fue novedad y encontró poca resistencia. Fue hasta la crisis económica de 1980 que el sistema de partidos brasileño creció y provocó la transición democrática de 1985, con la victoria electoral de Tancredo Neves.  Nunca llegó al poder, ya que murió antes de tomar protesta. En su lugar llegó Sarney, compañero de fórmula, fundador de ARENA, el partido de la dictadura.

Posteriormente, por la presidencia pasaron personajes como Collor de Mello, destituido por corrupción; Itamar Franco, que enfrentó una grave crisis económica, y, Fernando Cardoso, responsable de la expansión económica. En 2003, Lula implementó reformas radicales que convirtieron a Brasil en una potencia económica; sus políticas fueron continuadas por Dilma Rousseff. Sin embargo, un escándalo de corrupción relacionado con el maquillaje de cifras macroeconómicas derivó en su destitución. Tiempo después, Lula fue detenido por escándalos de corrupción relacionados con Petrobras, hecho que impidió su regreso a las boletas.

La semana pasada se llevaron a cabo elecciones presidenciales para decidir al sucesor de Michel Temer. El ganador de la primera vuelta, con 46% de los votos, es un exmilitar radical de extrema derecha: Jair Bolsonaro. En concordancia con los despreciables nuevos tiempos, el candidato puntero de Brasil tiene evidentes rasgos autocráticos: desprecia a los afrodescendientes, a la comunidad LGBT y a las mujeres; está a favor de la tortura y muestra afecto por la dictadura de 1964. El electorado brasileño está en la delicada situación de repetir la historia y emular sus trágicos eventos o puede depositar su confianza en Fernando Haddad y/o Guilherme Boulos. Todo se decide en la segunda vuelta. Por ahora, las encuestas otorgan al exmilitar 49% de la intención de voto.

Pedro Sánchez Rodríguez

Pedro Sánchez Rodríguez

Politólogo por el ITAM.
Experiencia en temas electorales y de corrupción.
Pedro Sánchez Rodríguez

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