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Foto: rutanortelaguna.blogspot.com

En su destartalada motoneta, el escorpión transitaba muy quitado de la pena por las calles de la urbe cuando fue avasallado por un “contingente vehicular” —dos camionetas negras de lujo y un automóvil blanco—, desde el cual guardaespaldas y choferes de mirada feroz y conducción agresiva exigían a conductores, peatones y motociclistas cercanos hacerse a un lado porque transportaban a un funcionario muy importante.

Nada nuevo, la prepotencia usual de los mismos de siempre, pensó el alacrán forzado a detenerse para ceder el paso al inmortal político del momento. ¿Desde cuándo ha sido así?, se preguntó también el arácnido haciendo un esfuerzo por recordar si alguna vez los políticos mexicanos han sido de otra manera o menos arrogantes y prepotentes, cuando ése es precisamente “el chiste” de ser funcionario: ejercer el poder con impunidad, capacidad de abuso y posibilidad de arreglos económicos a favor propio o de los suyos.

El lector no recordará tanto, pero vinieron a la mente del longevo artrópodo los sketches cómicos de Héctor Lechuga y Chucho Salinas, allá por mediados de los años sesenta, cuando aparecía el personaje de “Juan Derecho”, un Chucho Salinas vestido de charro, con capa y un chicote con el cual azotaba a funcionarios, burócratas y políticos corruptos (“¡Chicotito no!”, gritaban los culpables, como puede consultarse en YouTube). Aquella serie desafió la censura de la naciente televisión mexicana durante los sexenios de López Mateos y Díaz Ordaz. Aún antes, desde los años cuarenta, los políticos y funcionarios han vivido siempre en el terreno de la impunidad y la prepotencia, según nos muestran también las películas mexicanas, principalmente las comedias ambientadas en el México posrevolucionrio.

“Ponderando a la ‘clase política’ mexicana, el alacrán no advierte ni de cerca un cambio de actitud de los políticos”

El venenoso pudo por fin avanzar luego del incidente vehicular con el importante político y sus guaruras, pero se enganchó en la reflexión sobre el cambio de cerca de tres mil quinientos políticos previsto para estas elecciones, las mayores en la historia de México, se insiste. Gane quien gane, ¿cambiarán los políticos?, se interroga el alacrán. ¿Dejarán los legisladores de disponer de carretadas de dinero para su beneficio político o personal? ¿Cambiarán las licitaciones y los licitadores, donde se reparten instantáneas fortunas multimillonarias? ¿Cambiarán los arreglos inmobiliarios y de giros negros de los delegados capitalinos? ¿Cambiarán las caravanas de vehículos “oficiales” y su paso por encima de los ciudadanos?

El escorpión recuerda el epitafio del pesimista: “Se los dije”, y de esa pata cojea. Así pues, ponderando a la “clase política” mexicana, el alacrán no advierte ni de cerca un cambio de actitud de los políticos. ¿Quién sí?

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