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De Toro recibió el premio Malaga-SUR este 14 de abril, durante la segunda gala del XXI Festival de Cine en Español de dicha ciudad. Foto: Especial

El padre de Guillermo del Toro, “como muchos mexicanos”, explica el director, es hombre de pocas palabras. Cogió el Oscar de su hijo entre sus manos y sonrió: “Es la primera vez que mi padre comprendió mi oficio”, dice con humor el responsable de La forma del agua, la cinta con la que ganó la estatuilla a la mejor película y director.

Ayer, apenas un mes después de aquella noche mágica, explicaba en Málaga, donde recibió un premio a su carrera en el marco del Festival de Cine en Español –que se lleva a cabo del 13 al 22 de abril–, cómo vivió esos momentos: “Te sorprende de manera hermosa, pero no logro comprender la experiencia. El momento clave para mí fue el premio del director, el que me afecta más alquímicamente. Y, subes al escenario, ves caras que son un catálogo del cine… Es muy hermoso y conmovedor”.

Este mes ha vivido una especie de regresión a los orígenes, como si necesitara posar los pies en la tierra, volver la vista atrás. “He hecho un peregrinaje tras el Oscar. Me fui a ver a mis padres, mi ciudad, he hablado con estudiantes…”. Y ha vuelto a ver Cronos en El Festival de Cine Fantástico de Bruselas. Para Del Toro resulta curioso que su primera película y la última, La forma del agua, tengan una protagonista femenina. No es la única semejanza.

Un acto de fe.“La terquedad sostenida se convierte en estilo”, asegura el director, que se dio un baño de masas en la capital de la Costa del Sol. Para él, lo heterodoxo siempre ha estado y siempre estará en su cine.

El tiempo ha hecho que la gran industria entronice a este rarito de gafas grandes. “Es hermoso que en 25 años de carrera llegues a una coherencia. Financiar películas como La forma del agua es un acto de fe y requiere terquedad. Es bonito llegar tan lejos con una película así”. Para Del Toro, era el momento de hacer esta cinta. “Hay que hacer películas que te urge ver, que nadie más está haciendo”.

Y en la bizarra historia de amor de una muda y un hombre-anfibio, que desafían la rigidez del statu quo, hay mucho humanismo bajo el barniz de fantasía y mucha actualidad: “Estamos en un momento post-narrativo. Y eso hace que nuestro oficio, los que vertebramos historias, nunca ha sido tan urgente e importante como hoy. La construcción de historias hoy en día es rápida y variada, y casi siempre desechable, hay que darle peso. Con La forma del agua me urgía hacer una película que fuese una canción. Cada vez hay más división en el mundo, más nosotros y ellos, de forma demoledora. Lo más arriesgado como artista es la emoción y la esperanza”.

  • El Dato: Recordando. Del Toro fue reconocido por La forma del agua con cinco premios Oscar: Mejor película, Mejor director, Mejor guion original, Mejor película extranjera, Mejor guion original.

A Málaga, Del Toro llega con ánimo vacacional. Su próximo proyecto tardará en llegar: “Hay varias opciones –explica–: una película gigantesca, una rara y otra más rara. Lo que pasa es que lo que tenía muy claro cuando decidí hacer La forma del agua es tomarme un año sabático. Ahora me encuentro en un umbral. Pienso que ya hice nueve películas. ¿Para qué ponerme con una décima? Hay que hacer algo diferente. Y pensé en que tenía que hacer algo diferente, más que como director, como ser humano, como ente. Voy a hacer cosas que me dan miedo y a dedicarme a hacer lo más emocionalmente expuesto que pueda”.

Dice que quien arriesga, gana. Lo que está claro es que Del Toro no se ve etiquetado: “No hay una industria del cine sino mundos distintos en la industria. Si tú eliges una sola carretera es tu opción, pero puedes escoger varias. Hay mil maneras de hacer y ver cine”. Palabra de oscarizado.

Foto: Especial