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Los primeros bailarines, durante su ejecución del "pas de deux de Don Quijote". Foto: Cortesía INBA

Este fin de semana Isaac Hernández, considerado el mejor bailarín del mundo, hizo historia al reunir por primera vez a casi 20 mil personas en un espectáculo de danza, en el Auditorio Nacional, de acuerdo con cifras de los organizadores.  Un hecho sin precedentes, en un país donde algunas funciones de este arte alcanzan 10 o 20 espectadores, en el peor de los casos; y más de dos mil, en recintos como Bellas Artes.

En la sexta edición de la gala Despertares, espectáculo cuya dirección artística estuvo a cargo de Hernández, se mostró un mosaico de diversos géneros dancísticos durante casi tres horas, desde ballet, danza contemporánea y moderna, hasta tap y bailes urbanos como el hip-hop.

  • El dato: En la gala participaron bailarines principales de las más reconocidas compañías del mundo como Marie-Agnès Gillot, de la Ópera de París; e Isabella Boylston, del American Ballet Theatre.

Después de conquistar el Teatro Bolshoi, Isaac Hernández se plantó en el Coloso de Reforma cual rockstar. Antes de iniciar la función subió al escenario con el premio Prix Benois de la Danse en mano y fue ovacionado sin necesidad de mediar palabra. El público se puso de pie y le aplaudió con fervor, incluso hubo quien le gritó: ¡Isaac, te amo! Fue el preámbulo de una serie de emociones que vivió el público.

La función inició con Jared Grimes, quien demostró su habilidad en el arte de bailar haciendo música con los pies.  Después llegó el momento más esperado: ver al mejor bailarín del mundo en escena.Hubo quienes asistieron sólo para conocerlo, como una joven que declaró a La Razón: “Vine porque supe que había ganado un premio en Rusia”.

El jalisciense ejecutó junto con Tamara Rojo el pax de deux del tercer acto de Don Quijote. La elegancia y delicadeza de sus movimientos cautivaron al público. ejecutaron con maestría piruettes y grand jetés (saltos extendiendo las piernas).

Una obra que le ha dado tanto, pues Basilio de Don Quijote fue el primer rol que aprendió en el patio de su casa y fue el que le permitió  ser reconocido en Rusia.

Otra pieza que interpretó y conmovió, fue Two pieces for het, del coreógrafo Hans van Manen. Con un leotardo negro transparente, bailó junto con Jurgita Dronina.

Un ballet moderno que retrató el ir y venir en una relación de pareja, a veces distante y otras cercana. La expresividad en los bailarines fue un elemento crucial.

Después de esta historia de romance se presentó un fragmento de Fascinating Rhythm, del destacado coreógrafo George Balanchine, un ballet clásico a cargo de Lauren Lovette del New York Ballet.

Otra de las más aplaudidas fue El corsario, con los carismáticos bailarines Esteban Hernández y Maria Kochetkova, quienes se lucieron con saltos, piruetas y giros ante los ojos atónitos del público.

El momento alegre y festivo de esta gala vino con Lithtbalance a cargo de los finalistas de la temporada 12 del America’s got talent. El escenario se oscureció y en cuanto sonó la música de Bruno Mars, siete bailarines ataviados con atuendos luminosos sorprendieron con su coreografía que retomaba bailes urbanos.

  • El dato: 3 Fragmentos de coreografías ejecutó el bailarín mexicano

Una belleza visual que en la que su vestuario creaba efectos como hacer que desparecieran algunos bailarines; o de repente aparecían esferas en el aire.

Esta carga de emociones, que fue aumentando conforme se presentaban los 18 números del programa, comenzó su cierre con Playlist, un estreno internacional de William Forsythe. Doce bailarines del English National Ballet, dieron muestra de su perfección dancística a ritmo de música dance y electrónica.

Para culminar esta noche que tuvo 50 artistas en escena, los hermanos Hernández, Isaac y Esteban, hicieron una interpretación de My Way, de Stephan Thoss y música de Frank Sinatra. Una pieza que cautivó al público al resumir su andar en el mundo de la danza.

Con el público de pie aplaudiendo al final del espectáculo, Isaac logró hacerse de un nuevo público, tal como una joven que comentaba a una amiga: “valió la pena lo que pagué, el otro año voy a venir”.